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| Pareja de sapos comunes en amplexo dentro de agua. Se aprecia la puesta tras la hembra una ristra de huevos negros |
Los anfibios son animales curiosos, es el primer grupo de vertebrados (con permiso de algunos peces) en poder vivir y desplazarse por la tierra firme; aunque algunos procuran seguir la mayor parte de su vida en el agua.
A pesar del mucho tiempo transcurrido tienen algunas limitaciones, una es que necesitan cierta humedad ambiental, pues respiran a través de su piel, una de sus características más fascinantes. Una piel húmeda es un lugar ideal para el desarrollo de bacterias y hongos, y la forma de evitarlo es produciendo compuestos químicos que eviten su desarrollo, lo que hace a algunos anfibios muy tóxicos, y sobre esto va el texto de hoy.
Pero antes hay que comentar su necesidad de volver al agua para reproducirse, nos referiremos a los anuros (ranas y sapos) y lo harán en masas de agua permanentes, también en las estacionales. La fecundación es externa y también debe ser en el agua, para sincronizarse el macho que es más pequeño, va agarrado y sobre la espalda de la hembra, según salen los huevos el macho los fertiliza con sus espermatozoides, hecho esto pueden abandonar el agua. De los huevos saldrán los renacuajos, estos nos recordarán más los peces, pues se desplazan por el agua con movimientos de la cola y respiran con branquias, cuando acabe la metamorfosis tendrán cuatro patas, con las que pueden andar, saltar o nadar, respirarán con pulmones y la piel, y se alimentan de otros animales.
Bueno pues a veces en primavera podemos encontrar en el agua pieles de sapo dadas la vuelta, al quitar la piel se evitan las toxinas que hay en ella y muestra una notable habilidad el depredador que lo ha hecho, y normalmente la quitan desde la boca del sapo como si fuera una funda dejándolas en una sola pieza; esto se puede ver en zonas remansadas de algunos ríos y es el trabajo de la nutria.
Lo curiosos que también se ven en algunos ibones (lagos de alta montaña), donde no hay peces y donde el tramo de rio o embalse donde los hay, puede estar a más de 450 m de desnivel. Hacer ese recorrido por un torrente montaña para comerse solo 3 ó 4 sapos, parece poco rentable a nivel energético, a lo mejor es una delicatessen para ellas.
Texto y fotografias: Miguel Ortega


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