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jueves, 27 de agosto de 2020

LA SELVA ESCONDIDA (y I)

      

claro de un bosque
Desde el interior del bosque donde reina la oscuridad, vemos el claro en el se encuentran la plantas que hacen que sea residente.

     El bosque no es un grupo de organismos (animales, hongos, plantas, microbios) que coinciden bajo el paraguas de los árboles, el bosque es una comunidad de seres vivos que interaccionan entre ellos, esto es que dependen unos de otro, casi lo podríamos ver como un superorganismo; podemos reconocer plantas de sombra que solo viven en el interior del bosque, pues dependen de las condiciones creadas por los árboles con la luz más atenuada más humedad ambiental y temperaturas no tan contrastadas. Podríamos creer que los árboles son los reyes del bosque (y en cierta forma lo son) pero necesitan de los hongos y microbios del suelo (la basura de uno es el tesoro de otro), y de animales que polinizan o dispersan sus semillas, para poder desarrollarse de una forma adecuada. Al igual que necesitan de plantas y árboles colonizadores de cuyo trabajo se aprovecharan después los árboles dominantes, incluso de la relación tanto de competencia como de ayuda con otros árboles.

         Esto parece que complica el entendimiento de lo que es un bosque, pero el objetivo final es una comunidad compleja, diversa y sobre todo muy estable, en equilibrio dinámico, con recursos para la resilencia, capaz de superar situaciones traumáticas para el bosque como un incendios, sequías, etc. 

    

El pinar de la Ronera de Guara, recuperado antiguos dominios después de haber sido sustituido por pastos, durante varios siglos.

     Además el bosque no esta inmóvil en el tiempo, va evolucionado, cambiando su estructura; cuando la vegetación pionera coloniza un nuevo territorio, poco tiene que ver con el bosque que vendrá después, ya que en su madurez dominara una especie de árbol reduciendo la diversidad de plantas bajo sus copas, pero cuando llega a ser uno bosque viejo la caída de árboles viejos y la apertura de claros producirá un aumento de diversidad tanto de especies como de tamaño; de esta forma el bosque estará más preparado para superar eventos, pues dentro del propio bosque tendrá todos los organismos necesarios para reconstruirse como las plantas pioneras que se encuentran en los claros.

      Somos humanos y nos valemos sobre todo de la vista, por eso hasta ahora nos habíamos fijados en poco más de la parte visible del bosque la parte aérea, lo que esta sobre el suelo, así apreciamos la competencia por la luz entre las plantas, el follaje en crecimiento y el efecto de los depredadores y parásitos en la vegetación. Luego hay cosas que vemos pero no imaginamos su importancia, por ejemplo el peso de las hormigas de una parcela de selva es superior al de todos los vertebrados de la misma y son capaces de producir modificaciones en el bosque, al menos en el trópico.

    Y en la parte aérea usando otros sentidos, percibiremos olores, y por ejemplo el olor a tierra mojada es el llamado petricor producido por un compuesto la geosmina de un bacteria Streptomycetes coelicolor, según parece el olor atrae a los colémbolos y estos difunden las esporas de la bacteria. Igual estrategia sería de las trufas, no las vemos pero las podemos oler.

       

Los hongos como estos sobre la hoja muerta de un haya, aunque muchas veces no nos damos  cuenta de ellos, son imprescindibles para el funcionamiento del bosque.

      Aunque ya que los árboles, y las plantas, no tienen olfato mejor expresarlo en que producen compuestos químicos volátiles y tienen también receptores para esos compuestos, y así se comunican entre ellas, una planta puede informar a otra de la presencia de depredadores para que se defienda con la producción de taninos o comunicarse con los animales reclutando a polinizadores (el aroma de las flores), a dispersores de semillas (el olor a fruta madura), incluso  a parásitos de sus depredadores (avispas icneumonidos que parasitan a pulgones y orugas).

viernes, 17 de mayo de 2019

LOS DIAMANTES NO SON PARA SIEMPRE

         
Desprendimiento en un estrato casi vertical de caliza. La caída de piedras arrasó todos los arbustos (boj y sabina) que había sobre la roca creando una especie de pasillo. En la base, la caída de piedras sobre los bojes que había sobre la glera, hizo que perdieran la mayor parte de hojas y de ramas secundarias.
        A pesar de lo que creemos en la naturaleza no hay nada que sea eterno, ni las rocas, ni los diamantes, ni por supuesto el amor que se supone con el que relacionamos esta cristalización de carbono. Es cierto que los diamantes son muy resistentes y las rocas en general también, pero al final se acaban transformando; Heráclito, lo tenia muy claro cuando afirmaba que: “no hay nada permanente salvo el cambio” (esta es la típica cita de culturilla de los que no hemos leído a los filósofos clásicos y mucho menos en versión original, pero en este caso resulta adecuada).
         Todo viene por una especie de planta con aspecto de arbusto, pero que alcanza edades que ya quisieran muchos árboles, los 1000 años, es la sabina negra. Ya he hablado alguna vez sobre ella y es que resulta una especie apasionante, la tenemos delante de nuestras narices (no hay que viajar a un lugar exótico), no es maderable, ni sirve de pasto, ni tiene otro tipo de aprovechamiento monetario por lo que no le hemos prestado atención. Además su forma de crecer, su manera de afrontar las limitaciones del medio donde vive nos resultan aún no comprensible del todo; a pesar de ser una especie muy mediterránea no rebrota después de los incendios, y aunque puede vivir en la umbría de las paredes de roca no así bajo la sombra de otros árboles, pues  la calidad de esta luz, escasa en el espectro rojo y el azul parece que es determinante.
        
Sabinas con las raíces "al aire", que son diferentes de las raíces aéreas de algunas plantas trepadoras. Estas se desarrollaron dentro de las grietas de la roca, y luego esta se desprendió, dejándolas a la vista 
       De manera que los ejemplares más longevos los encontramos en paredes de roca donde no tienen la competencia de otros árboles y los efectos de los incendios no llegan; curiosamente aquí, en este medio de aspecto eterno que es la roca, su duración, es la que puede limitar la  vida de la sabina.
         La roca se erosiona, esto es evidente en rocas blandas como la arcilla o la arenisca del Valle del Ebro,  pero también ocurre en rocas duras, en especial las que han sido sometidas a fuertes tensiones durante su formación y las ha llenado de grietas y fracturas.  Y esta erosión no avanza necesariamente poco a poco, a veces se desprenden fragmentos de tamaños variables, desde pequeños a sectores completos de una pared y su caída por la pared hacer aumentar sus efectos devastadores. 
       
Sabinas colgantes, aunque su posición debería ser consecuencia de la desestabilización al haber perdido parte de la sujeción de las raíces, en algunos casos tenemos que pensar en otras posibilidades. 
        Consecuencia no es raro ver sabinas negras, con las raíces en el aire a modo de zancos consecuencia de que la pared ha retrocedido, en otras las raíces se extiende por la superficie de la roca, no crecieron así, simplemente se extendieron en grietas cercanas a la superficie de la roca y esta se ha desmoronado, seguramente el crecimiento en anchura de la raíz, haciendo de cuña, acelere proceso.  
         Si la erosión es muy grande podemos ver sabinas colgando de una o varias raíces aún vivas y redirigiendo la fronda hacia la luz, en algunos casos da la impresión de que ya crecieron así, (esta es una de las cosas que no siempre acabamos de explicar de forma convincente); y el ultimo paso, las encontramos en el suelo, a pie de pared, con casi todo el sistema radicular. 
         Evitando el fuego y en busca de la luz  la roca parece el refugio adecuado, y resulta que no es para siempre.

viernes, 5 de abril de 2019

ABRÁZAME MUCHO......

       
Tallos colgantes de la liana trepadora clemátide 
         En la naturaleza la consecución de un fin, vivir, implica una serie de estrategias; algunas son parecidas y otras bastante diferentes, lo importante es que funcionen de la mejor forma posible y con el menor esfuerzo e inversión. En el caso de las plantas verdes el acceso a la luz ocasiona una guerra de alturas cuando la abundancia y densidad de las plantas es grande, que es lo ocurre en bosques y selvas, las condiciones son buenas de temperatura humedad y nutrientes, de manera que la principal competencia es por la luz.
         El método general, es que la planta más alta recibe más luz y su sombra se proyecta sobre el resto, pero para ser alta hay que invertir en una estructura, en el caso de los árboles, en un largo tronco y ramas que soporten el follaje, y para realizarlos hay que invertir en madera, usando carbono, oxigeno, hidrogeno y poco más, pero hay que realizar el esfuerzo; de esta manera hay algunos árboles que llegan y superan la cota de los 100 metros de altura y un volumen de 1487 metros cúbicos, la mitad de una piscina olímpica, pero no todas las plantas ni pueden hacer esta inversión, ni están dispuestas. 
         
 Troncos de pinos silvestres cubiertos de hiedra
      Hay otras formas de llegar la luz, y se basa en lugar de invertir en acumular madera en desarrollar órganos y formas de crecimiento que les permita auparse sobre otros arbustos y árboles, son las plantas trepadoras.
         La estrategia mas básica es tener tallos largos y un tanto rígidos que les permite cierto orgullo de mantenerse erguidas por si solas, pero a determinada longitud su peso los curva, si tienen la suerte de tener cerca otros tallos, propios o ajenos,  se apoyan en ellos y siguen su crecimiento, así ahorran en estructuras que los mantenga elevadas; para mejorar su apuesta posee unas espinas en su epitelio que evita que resbalen, es la estrategia de algunos rosales y las zarzas.
         Otras se basan en enredarse, en las madreselvas son sus tallos los que al crecer se enroscan en otros tallos más altos, en la clemátide son los peciolos de las hojas los que se enroscan en tallos más altos, por lo que sus tallos quedan colgantes como lianas que son. El siguiente paso es el tener órganos para fijarse, desde los zarcillos de la vid o de la zarzaparrilla, a raicillas adhesivas de la parra virgen o raíces adventicias de la hiedra. En el caso de la hiedra estos órganos le permite también apoyarse en paredes de roca, los ejemplares viejos que crecen así pegados a una pared de roca tienen el aspecto de árboles aplastados contra la pared. La hiedra tiene además otro recurso pues aparte de las raicillas puede crecer abrazando al tronco sobre el que se apoya.
Efectos del anillado de las trepadoras: izquierda corte de tronco de espino blanco la hiedra dificulta el retorno de la savia de ahí el engrosamiento. Derecha, madreselva enroscada que deforma el tronco de la planta soporte y dificulta su crecimiento en anchura. 
         Hasta aquí las trepadoras son como amigos un tanto pesados, no te los quitas de encima pero son soportables. La especialización de las trepadoras es tal que no forman casi madera, sus tallos son livianos pues su función principal es solo la circulación de la savia.
Pero al igual que las visitas que no se van de casa y te vacían la nevera, las plantas trepadoras compiten por los recursos con las plantas sobre las que se apoyan, tanto con el agua y los nutrientes del suelo, como con la luz pues algunas se desarrollan descaradamente sobre la copa de la planta soporte, por lo que deben hacer mermar su crecimiento.
         Además es un peso extra que se hace peligrosamente molesto los días de viento o de fuertes nevadas. Por si fuera poco la costumbre de crecer abrazando, de la madreselva y de hiedra dificulta del desarrollo en anchura del tronco del soporte, y se nota en las deformaciones que deja en él, en el caso de la hiedra esta llega a “anillar” el tronco, sus ramas se sueldan y crean un problema no solo para el crecimiento en anchura sino también para la circulación de la savia de la planta soporte. 
         Las plantas trepadoras de las que hemos hablado no son parásitas, no llevan un plan como las higueras estranguladoras de la selvas del sudeste asiático, ellas si matan al árbol soporte para ocupar su lugar; las de aquí lo debilitan al árbol soporte y la consecuencia es que el tronco se acaba partiendo muriendo. Aunque en el caso de la hiedra esta continua viva sobre el tronco caído aunque ya con peores condiciones de luz en el suelo del bosque donde empezó, por lo que su acción le ha sido un tanto contraproducente, el que mucho aprieta…..  

sábado, 22 de octubre de 2016

QUE DIFÍCIL ES HACERSE VIEJO

Sabina negra, Juniperus phoenicea, 
Para los árboles hacerse viejos es un tarea muy difícil, los árboles de crecimiento rápido además de necesitar un buen acceso al agua no están diseñados para ser longevos, de hecho son las especies de crecimiento lento incluso con limitaciones en su nutrición y que tardan más en desarrollarse las que viven más años. Las especies de árboles dotadas para la longevidad se exponen a sufrir la repetición de eventos catastróficos (incendios, riadas, temporales de viento), así como crisis climáticas (épocas frías, largas sequias, etcétera), y la relación con otros organismos: competidores, depredadores, parásitos y enfermedades será más larga y compleja.
Pero esta estrategia de vida contenida y humilde que puede llevar a la longevidad no es adecuada para convivir con especies tienen un mayor desarrollo y más rápido.
Sabina negra de tronco retorcido
Tomemos el caso de la sabina negra, arbusto que puede llegar a tener porte de árbol pero nunca con grandes desarrollos (aunque la bibliografía cita los seis metros como altura máxima es raro que sobrepasen la mitad de esta). Especie tóxica, incluso las cabras rechazan comer sus hojas (no así las de la otra sabina, la albar), hasta tal punto funcionan sus armas químicas que en su madera muerta es muy difícil ver hongos y/o galerías de insectos por lo que aguanta muchos años a la intemperie como testigo de otros tiempos; a pesar de ser imputrescible una madera así tampoco ha tenido un uso destacado por los humanos por dar trozos demasiado pequeños y retorcidos, y tampoco parece que fue muy usada como leña y ni para hacer carbón, pues el salido de ella producía demasiado chisporroteo al quemarse de nuevo.
Así esta especie “intocable” debió expandirse en la larga época de desforestación de nuestros montes, aprovechando la explotación del resto de arbustos y árboles que tenían una utilidad aunque solo fuera como leña, ocupando los espacios soleados que dejaban vacantes, permitiendo el desarrollo de grandes ejemplares (de un metro de perímetro en el tronco a ras de suelo y tres o cuatro metros de altura).  Ahora a consecuencia del cambio de época, del paso de la desforestación a la reforestación por el abandono del mundo rural, (población y actividades tradicionales: recolección de leñas, fuego pastoral, cultivos itinerantes), podemos ver algunos arbolillos de sabina, que es una especie que necesita crecer a pleno sol, languidecer bajo la sombra de carrascas y bojes que ahora que se ha reducido su uso han experimentado un gran crecimiento rebrotando de las cepas castigadas en el pasado y reclamando el espacio que es suyo.
En primer término ramas secas de una sabina muerta tras un incendio en una zona de matorral con boj. Detrás sabinar casi puro creciendo sobre roca conglomerada
Pero a pesar de ser una especie frugal, colonizadora, con pocos enemigos tiene una debilidad inaceptable en el mundo mediterráneo, no rebrota después del fuego; consecuencia las sabinas no abundan donde la cubierta arbórea les priva del pleno sol y / o ha habido incendios frecuentes.

      Entonces los mejores sitios para encontrar ejemplares es en lugares donde no pueden prosperar otros matorrales y árboles, como las zonas rocosas y donde no llega el fuego como los escarpes rocosos. Estos son dos lugares adecuados para una especie con la paciencia como estrategia, donde nutrientes y agua escasean de manera que algunos años no solo no se reproducen sino que ni crecen. Por eso en estos lugares alejados de la competencia de otros arbustos y árboles, y del fuego, donde podemos encontrar ejemplares con apariencia verdaderamente antigua, trocos de perímetro irregular, retorcidos, con escaso follaje, con ramas dirigidas al vacío o ya aparentemente sin fuerzas, con troncos colgando pegados a la roca como un  árbol del revés, con la copa por debajo de las raíces y aparentemente sin preocuparse por dirigirse a la luz que tanto necesita.  Así al menos en estos lugares, la modesta sabina domina y puede envejecer si el tiempo lo permite.
     Ver también:
http://territorioinquieto.blogspot.com.es/2016/07/cuantos-anos-tien-un-arbol.html
http://territorioinquieto.blogspot.com.es/2016/10/cuantos-anos-tiene-un-arbol-y-ii.html

lunes, 19 de septiembre de 2016

LO QUE NOS CUENTA LA MADERA DE UNOS ABETOS

 Abetal de la Selva de Lasieso en invierno
Ante mí se extendía un claro en el bosque, aunque quedaban árboles dispersos se notaba el vacío dejado por los talados, por los troncos retirados; las ramas abandonadas de los abetos con las acículas aún verdes que tapaban el suelo y las huellas de la maquinaria dejaban claro que la corta había sido reciente, ese mismo invierno.
Ante esta imagen hace años mis emociones habrían pasado del enfado a la indignación y finalmente a la tristeza, por que talar estos árboles? no había madera en otro lugar que en esta maravillosa selva?.
Ahora esta situación la veo como una oportunidad de aprender de los propios árboles talados; bajo las ramas cortadas y abandonadas quedan los tocones, y en sus anillos de crecimiento esta escrita su vida, su historia año a año, y que no siempre es como esperamos que fue.
Abetos en las fajas de Ixable de la Selva de Lasieso, se aprecian los muertes de piedra para sujetar los bancales
Este, a pesar de su aspecto antiguo y sombrío, con grandes y altos abetos cubiertos de plantas trepadoras, muérdago y en los contrafuertes de su base una pátina de musgos y verdín (algas terrestres), no es un bosque muy viejo. De hecho los árboles crecen sobre antiguas fajas de cultivo que aún mantienen sus espuendas de piedra seca ya algo derruidas por el tiempo de abandono. De las últimas engullidas por el bosque los más viejos del lugar las recuerdan como pasto del ganado, que es el paso previo al abandono total de los campos de labor.
Si el bosque no es antiguo, tampoco lo eran los abetos que cortaron a pesar de su tamaño (los mayores de 1 metro de diámetro en el tocón) pocos superaban los 100 años y los que lo hacían era por los pelos. Sus primeros anillos de crecimiento con su perfecta forma circular nos cuenta que estos árboles crecían muy derechos y que no están expuestos a fuertes vientos tal y como ocurre dentro de una masa forestal cerrada; y que estos primeros años de vida el crecimiento fue muy escaso con anillos estrechos (poco más de 1 mm ), como es una zona de alta pluviosidad (entre 1200 y 1300 mm de precipitación anual), sin sequía estival y además el bosque se asienta sobre un profundo suelo de coluvios de ladera, se deduce que lo que limitaba el crecimiento era la luz; se encontraban bajo el dosel de abetos de mayor tamaño y la luz que llegaba al suelo del bosque solo era suficiente para mantenerse y no para crecer.

Pero, sigo con la lectura de los anillos, algo ocurrió que hizo que de un año a otro los árboles tuvieran un crecimiento explosivo, que se inicio en muchos con una gran cicatriz que se extendía hasta ocupar la tercera parte del perímetro de su tocón; y este cambio no ocurrió una vez sino dos, además en todos los troncos estudiados coincide con los años 1965 y 1982; además la forma de los anillos dejo de ser cilíndrica para comenzar a formar lóbulos, que serian los contrafuertes que refuerzan al árbol ante tensiones como el viento.
       
Corte de uno de los troncos de abeto: 1, corta de 1965, 2, corta de 1982 y herida como consecuencia seguramente de la saca de los troncos cortados, los anillos del árbol aumentan después de cada tala al recibir más luz. 3, plaga del lepidóptero defoliador redujo el crecimiento durante dos años y luego el árbol se recupero 
Sendas talas de árboles maderables (la segunda es muy recordada pues con el dinero obtenido se construyo en polideportivo de Biescas)  eliminaron a los árboles dominantes, los señores del bosque que acaparaban la luz solar en lo alto de la bóveda forestal; también fueron responsables de la grandes heridas vistas en los anillos seguramente por golpes en el transporte de los troncos cortados, pues la zona muestreada se encuentra en la parte baja y salida de las trochas por donde se baja la madera. Y como tantas veces ocurre en la naturaleza las desgracias de unos es el beneficio de otros y los abetos jóvenes que malvivían a la sombra y que tal vez habrían muerto sin tener la oportunidad de desarrollarse al completo, empezaron a recibir toda la luz del sol. Con el mayor aporte de energía, y recordemos sobre suelo profundo y sin sequía estival, a pesar de disponer solo entre 8 y 6 meses al año para crecer por encontrarse en una fría umbría, experimentaron un gran desarrollo y sus anillos pasaron a ser más anchos, mucho más (por encima de 1 cm, diez veces más que antes de la tala); aunque hay que tener en cuenta que también que un exceso de sol al eliminar la bóveda forestal puede desecar el suelo y a los abetos jóvenes. Los abetos supervivientes también quedaron más desprotegidos del viento y su mayor altura se compenso con los contrafuertes que crearon los anillos lobulados más recientes.
Pero los anillos nos cuentan más cosas como años de menor crecimiento por sequía  años : 2012, 2005, y 1986 o frío en los años finales de la década de los 70. También que un insecto forestal ( Epitonia subsequana, sabemos la especie porque cuando ocurrió quedo registrado por el MAGRAMA ) se convirtió en plaga los años 1995 al 1997 pues las orugas de esta polilla consumieron gran parte de las acículas de los abetos, estos con menos follaje realizaban peor la fotosíntesis lo que se tradujo en menor crecimiento y por lo tanto anillos más estrechos.
Pensamos en un bosque como algo inmóvil, siempre igual y no es así, los árboles jóvenes esperan la caída de los dominantes, el viento, las tormentas, una tala,… pues si han de esperar a su decrepitud seguramente ellos mueran antes en la sombra.
Tocones después de la tala
Este es el ejemplo de un rodal de abetos con pino silvestre en la Fajas de Ixabale en la Selba de Lasieso, este bosque situado en un umbría accesible y junto a uno de los grandes ríos del Pirineo que se usaban para bajar madera, el Gállego, debió estar muy explotado, mucho más que en la actualidad, en la época de la navegación a vela para usar los troncos de los abetos en la elaboración de mástiles. Y lo ocurrido aquí no lo podemos generalizar con todos los bosques, ni siquiera con todos los abetales, por ejemplo el de la Betosa de Guara fue talado en los años 50, nunca se había sacado madera de ahí, cuentan de abetos que cortaron y no pudieron trasportar por su peso, ahí perdimos la oportunidad de conocer un abetal primario, pero a pesar de estar situado en su limite sur de distribución se recupera bien, mientras que otros abetales en zonas más favorables del Pirineo sufren la perdida de ejemplares años tras año sin saber bien las causas.


sábado, 21 de mayo de 2016

LAS SELVA DE LA LUZ (Paseando por la Naturaleza nº 14)

Abetos despuntado por encima del bosque mixto
Hay zonas en el Pirineo donde las nubes y la escasa luz atenuada que logra atravesarlas son una constante, en estos lugares la precipitación anual supera holgadamente los 1000 mm; como además está repartida a lo largo de todo el año no tienen sequía estival, más aún si la zona tiene suelos profundos que conservan la humedad. Coinciden con zonas de umbría donde en invierno el Sol solo lame algunos resaltes dejando el resto en una sombra de semanas o meses, por lo que la fusión de la nieve y la evaporación del agua del rocío siempre se retrasan.
En estos lugares, húmedos y umbríos de media montaña, el agua no es un problema para la vida y la luz es el recurso por el que todas la plantas pelean, y en esta lucha hay un claro ganador, el abeto, su estrategia es dominar con su altura, por eso las copas oscuras y cónicas de los abetos se alzan sobre los restantes tipos de bosque.
Corte del tronco de un abeto. Sus anillos de crecimiento indican que los primeros años creció muy poco, hasta que ocurrió un evento, en este caso una tala que elimino a sus competidores por lo que creció mucho más, anillos anchos
Son árboles que necesitan sombra en su primeros años, por lo que sus semillas germinan debajo de matorrales como el boj o bajo la densa sombra de árboles como las hayas, incluso de los propios abetos. Después crecerán, pero ahora necesitan más energía lumínica y sino no pueden superar la bóveda de copas de los otros árboles esperaran, especialmente si están debajo de otros abetos que son los árboles que menos luz dejan pasar.  En la espera alguno morirá, pero la mayoría continuará hasta que se abra un hueco en la bóveda del cielo y la luz penetre hasta sus copas, entonces con mayor cantidad de energía en forma de rayos solares experimentarán un crecimiento secundario en anchura, explosivo, pasando de anillos de crecimiento anuales de 2 milímetros a otros de más de 1 centímetro, proporcional al crecimiento en altura.
¿Como acaparar la mayor cantidad de luz, que es el recurso más limitante en estos bosques?, la respuesta son troncos rectos, esbeltos y muy altos hasta los 40 metros, más que ningún otro árbol de la zona, para abrir sus ramas a modo de parasoles superpuestos y extender sus acículas en planos evitando hacerse sombra una a otras. Ahora serán capaces de soportar el sol veraniego de medio día, ya no dependen tanto de la humedad ambiental, ahora con sus raíces ancladas en el suelo siempre húmedo del bosque bombearan sin restricciones todo el agua que necesiten, y con su transpiración contribuirán a crear la humedad ambiental del bosque que dominan.
Abetos jóvenes compitiendo entre si por la luz
Si coinciden varios abetos y sus copas se tocan crearan un techo que impedirá que la luz llegue más abajo, lo que hará que árboles y arbustos que les protegieron en los primeros años, vayan decayendo y muriendo, poco a poco el suelo se llenará de troncos muertos, y entre ellos, aprovechando la tenue luz y el centelleo de los rayos de sol que se filtran entre las copas desordenadas por el viento, aparecerán las planta especialistas de la penumbra que no soportan el sol directo ni la sequedad ambiental, algunas de ellas asociadas a hongos, tanto que hasta han perdido la clorofila. Bajo las copas de los reyes de la selva, las plantas del suelo son cortesanos que dependen de su benevolencia, de las condiciones que crean; por eso algunas han evolucionado para no necesitar la luz y se transforman en saprófitas.

Ver también las entradas sobre este tema: La guerra silenciosa del bosque del 26 de octubre del 2015 y La guerrilla por la luz de 8 de diciembre del 2015.