jueves, 6 de mayo de 2021

LA EDAD NO PERDONA, ACUMULANDO AÑOS (Y MADERA)


Teóricamente los árboles pueden ser inmortales, mueren por una infección, depredadores o catástrofes pero no por una programación de la senescencia como en los animales. Pero como siempre hay varias estrategias para conseguirlo.

Izquierda tronco de sabina negral  con 105 centímetros de altura, con los que fue encontrada ya muerta hacía tiempo. Y la secoya Mark Twain con sus 100 metros  de altura cuando era cortada. A pesar de la diferencias de tamaño,  por años vividos solo les separa 150 años, ver siguiente ilustración.
        
        No había que ser muy experto para darse cuenta de lo espectacular del árbol, su gran copa densamente poblada de hojas estaba anclada al grueso tronco por unos camales que surgían de él en forma de vaso, y esta se abría abarcando una gran superficie ya que era un árbol solitario y no tenia que competir por la luz, pues sus vecinos desaparecieron con el bosque hace tiempo en forma de leña; no solo era un árbol frondoso sino que daba mucho fruto, que en tiempos aprovechaban las ovejas que llevaba el pastor a dormir bajo su protección, estas “agradecidas” por la comida y el refugio le dejaban orines y el sirrio, los excrementos, lo cual resultaba ser un abono perfecto para el desarrollo del árbol. Sin tener en cuenta a las ideales condiciones en las que vivía y que le habían permitido ser lo que era,  y en ausencia de otros árboles con quien comparar, tal era su tamaño que se le denomino “el Milenario”, pues parecía que solo el paso del tiempo podía haber hecho a un árbol así. Y si alguien tenia alguna duda el propio pueblo en el que estaba, tomaba su nombre del árbol, y aunque las casas se arremolinaban en torno a la iglesia, parece ser que esta la construyeron buscando la cercanía del árbol, aunque seguramente las fechas digan otra cosa. 

 

         Normalmente en los árboles asociamos la edad con el tamaño, cuanto más años mayor tamaño, de manera que los árboles grandes o muy grandes deberían ser muy viejos. En nuestro territorio un árbol de 20 metros de altura es grande, pero mientras que para un abeto esta a mitad de su desarrollo posible,  para un tejo dobla la de su posibilidades. Igual ocurre con las edades, un chopo que sobrepase los 100 años es muy viejo, sin embrago esa seria la edad de un roble joven con mucha vida por delante.

Comparativa de tamaño y edades entre rodajas de una sabina negral de Guara, (ver ilustración anterior) y las de la secoya Mark Twain expuestas en los museos de N. York y Londres. En la sabina se muestra donde se tomaron las muestra de carbono 14 y el resultado obtenido, vivió en un periodo de 1192 años con un error de 26 años, para 12 cm de diámetro. La secoya alcanzo los 1341 años con un diámetro un "poco mayor", observar la persona junto a ella.

         Y a veces si que es así, las secuoyas alcanzan grandes dimensiones y también pueden tener muchos años, su solución es sencilla, no van renovando tejidos como hacemos los animales, cada año crean nuevos tejidos, nuevos órganos que sustituyen a los anteriores, la hoja caída no es regenerada, el árbol desarrolla una nueva, igual pasa con los vasos por donde circula la savia, el árbol abandona los de año anterior, y crea nuevos vasos cada año con lo que el tronco es un poco más ancho, formando los anillos de crecimiento anuales, muy visibles en las coníferas. De manera que en árboles longevos con grandes perímetros, la parte viva del tronco es una fina capa de milímetros entre la corteza y el leño muerto; consecuencia se hacen árboles muy, muy grandes a base de acumular unos pocos milímetros de madera cada año.

         Este es el caso de la secuoya denominada Mark Twain, elegida por su proporcionalidad y simetría tuvo una altura de unos 100 metros y 27 metros de perímetro, y se corto en 1891, a través de sus anillos se supo que tenia 1341 años cuando la cortaron. Actualmente dos rodajas del mismo se pueden ver en los museos de ciencias de Nueva York y de Londres.  

         Nadie puede decir que en este caso que no existe una relación directa entre tamaño y edad, pero en la naturaleza siempre hay otros planes, otras formas de afrontar la vida y el paso del tiempo. En las zonas mediterráneas hay un arbusto que a veces llega a tener el porte de un arbolillo, pues son raros los ejemplares que superan los 5 metros de altura, al menos en su zona norte de distribución; y vive donde le dejan vivir, es una especie muy frugal, seguramente una, por no decir la que menos agua necesita para vivir en la Península Ibérica, a cambio de tener un crecimiento escaso y por lo tanto un desarrollo muy lento, además no rebrota después de los incendios como hacen otras leñosas de este clima que aúna sequia y calor en el mismo periodo por lo que los fuegos son habituales; es una planta de pleno sol y aunque puede vivir en paredes de umbría no soporta vivir bajo la sombra de otros árboles, es una cuestión no de cantidad de luz sino de la calidad del espectro que recibe, a la sombra de otros arboles el espectro rojo y azul, que es el ideal para realizar la fotosíntesis casi desaparece.

            Con esas condiciones solo hay un lugar donde puede dominar, y es claro esta, donde otros no pueden vivir; así la sabina negra que es nuestro personaje domina en lugares con escaso suelo, pedregosos, en solana secas o mejor aún creciendo en paredes de roca donde el fuego ni sus efectos llega, ni tampoco la sombra de los competidores.

         En esas condiciones de dura existencia, puede llegar a sobrepasar edades de 1000 años (tanto en el Alto Aragón como en el sur de Francia) pero con crecimientos mínimos, sus anillos pueden tener una sola célula de anchura, y el conteo de los anillos y los datos del carbono 14 son demasiado diferentes nos indican que seguramente algún año no crecen nada, pues en el tronco hay unas zonas oscuras en las que los anillos desaparecen o al menos no vemos nada que nosotros seamos capaces de contar. Así tenemos que un árbol, con mil años, (por sus espectaculares troncos y ramas retorcidos queda feo decir que es un arbusto), aunque su tamaño nos lo indique, no es necesario que sea grande sino que puede ser pequeño, muy pequeño (estamos hablando de un tronco de 13 cm de diámetro mayor, pues para complicar las cosas son lobulados y excéntricos). 

         En este caso de longevidad llamémoslo por “acumulación”, las especies son de maderas duras, ricas en esencias y compuestos secundarios que hacen muy difícil casi imposible el trabajo de insectos y de hongos. 

texto: Miguel Ortega Martínez

 

 


martes, 6 de abril de 2021

CUANDO LA ALIAGA FLORECE....EL HAMBRE CRECE

       

Aliaga en floración, se aprecian las espinas o aguijones y las diminutas hojas

         Los dichos, los refranes tienen una explicación y convienen ser explicados pues sin conocer su sentido, este puede cambiar y volverse incongruentes.

         En el Alto Aragón hay uno muy propio de esta época de finales de invierno y principios de primavera, cuando la reservas de comida en la casa, (estamos refiriéndonos a una casa-familia de mediados del siglo pasado, cuando no se podía ir a la tienda comprar algo que no había, o con un dinero que tampoco se tenia) como patatas, legumbres y la harina para el pan habían mermado y no se podrían reponer hasta la cosecha del verano, al igual que el cerdo que se había matado a finales de otoño con los primeros fríos y se iba estirando para dar un poco de sustancia a los guisos; solo se podía reponer la verdura de invierno del huerto (acelgas, coles y escarolas) y algo de carne de la caza, principalmente conejos, pues las aves de corral se dejaban para comidas de grandes ocasiones, y los que tenían rebaño solo aprovechaban alguna oveja machorra (que no podía tener corderos), loca (con encefalopatía), accidentada o que se viera que estaba a punto de morir (y se sacrificaban para el consumo antes de que esto ocurriera), pues los corderos se reservaban exclusivamente para venta. En el campo con el rebaño ocurría algo parecido los pastos escaseaban y los renuevos no se darían hasta que subieran un poco las temperaturas, así mismo la paja y la hierba almacenada o las ramas de olivera, fresno o cualquier otro ramón que se hubiera guardado, se había ido consumiendo los días de nieve en los que el ganado se quedaba en el corral. 

         En esta época los yermos se iban cubriendo de una flores amarillas de característico perfume, era la floración de la aliga, de ahí que se decía: “cuando la aliaga florece, el hambre crece”. Pero el espectáculo de color no iba a solucionar el problema de los recursos, es más este se recrudeciera al  seguir disminuyendo las reservas de comida, de ahí que tras la floración la aliaga fructifica y como leguminosa que es lo hace en vainas, por eso se decía: “cuando bachoca, a todos toca”. Ya con la primavera lanzada al menos en los pastos, las partes embastecida del año anterior más ricas en celulosa y lignina y por lo tanto menos nutritivas y menos digeribles, son sustituidas por los renuevos de las plantas ricos en vitaminas y proteínas que son más nutritivos, por eso la tercera parte era: “cuando grana, se pasa la gana”, cuando la aliaga forma la semilla hay abundancia de comida en el campo y por eso el rebaño come con menos ansía, incluso los animales se permiten comer seleccionando los mejores bocados. 

 

Bachocas, frutos en forma de vaina de la aliaga

         La aliaga aunque nosotros la tengamos como una planta molesta, pues picha, hace intransitables algunos lugares, nos indica terrenos degradados normalmente por incendios demasiado repetidos, ya que puede rebrotar después de estos y sus semillas germinan mejor después de la altas temperaturas y el humo de la combustión. Pero la aliga es una planta muy importante en el ecosistema: lo primero al ser una leguminosa fija nitrógeno con lo que ayuda a la recuperación del suelo, y lo protegen de la erosión con sus raíces del arrastre por las lluvias, y partes aéreas del impacto de las gotas de agua que aunque parezca mentira lo erosionan, y al ser pinchosa del pisoteo por los animales; además es una planta melífera.

         Antaño era una planta llena de utilidades, lo digo en pasado pues ahora prácticamente no se aprovecha, y el uso que se le daba era una forma de mantener las aliagas a raya. Suponía  alimento para las ovejas, de ellas decían: “comen tres veces”: la flor, la hoja (especialmente cuando rebrotan después de un incendio) y el fruto (al comer el fruto esparcen las semillas con los excrementos); en zonas del la Cornisa Cantábrica se recogía un pariente, el tojo, se picaba y se daba de comer a las caballerías en las cuadras.  Las aliagas se usaban como albardilla para proteger las tapias de barro (adobe, tapial), evitando que el agua las deshiciera, y de paso que los gatos no pudieran saltar por ellas.

Rebrote desde la raíz después de un pequeño incendio

         En muchas zonas era el combustible (junto con el boj y la coscoja) de hornos (pan, cerámica, cal,..) y de las casas, arde con facilidad y de forma casi violenta aunque de forma breve, los arbustos se encontraban con facilidad a diferencia de la madera de los árboles, dada la gran presión que se  ejercía sobre estos, escaseaban incluso en zonas que hoy vemos completamente cubiertas de arbolado. La escasez de combustibles queda reflejada en la frase de un vecino que decía: “y no pienses que por tener chimenea, la teníamos encendida en invierno, lo hacíamos solo para cocinar y entonces aprovechábamos para calentarnos”.

         Por su forma de arder se usaba en la matacía para quemar los pelos del cerdo, ahora se usa un soplete.

         Incluso los pastores de Monegros la usaban como colchón en los mases, casas del monte, echando sobre ellas una piel de choto para no pincharse, para así estar aislados de la humedad del suelo.

         Así vemos como un planta con múltiples utilidades, ha quedado relegada a ser considerada una molestia por el cambio de uso.

jueves, 4 de marzo de 2021

FLORES CON PRISA

Flores de almendro sorprendidas por un nevada tardía

    Una imagen que nos choca a los habitantes del interior peninsular con amaneceres bajo cero, es ver plantas en flor en pleno invierno. En principio las flores son algo delicado, además que hacen si no hay insectos en invierno, ¿o si los hay?.

         En las plantas si el agua se hiela deja de estar disponible para ellas, por lo que cuando nos acercamos a esta temperatura entran en descanso, algunas pueden perder la hoja, o incluso perder toda la parte aérea, permaneciendo entonces  bajo el suelo en forma de: semillas, bulbos, tubérculos y rizomas a la espera de cuando suban las temperaturas volver a desarrollar las partes aéreas. Aunque en un clima de tipo mediterráneo, hay algo peor que el frío, la sequía veraniega.

         Así hay plantas que han perdido su parte aérea durante el verano, y sus hojas comienzan a desarrollarse en otoño, como la cala silvestre, o en pleno invierno van desarrollando una roseta de hojas pegadas al suelo como las orquídeas de abeja, en primavera florecerán, y en verano habrán quedado reducidas de nuevo a la parte subterránea como rizomas y tubérculos pero con el ciclo cumplido. Otras como el eléboro o las “hierbanas” de los campos (Diplotaxis,  Caléndula) incluso pueden florecer en esta época de frío, seguramente esperando a algún insecto polinizador que este activo los días cálidos de invierno, y así no competir con plantas de flores más atractivas en primavera.

        

Narcisus assoanus, para evitar la sequia del verano debe adelantar su ciclo

         Pero es a mediados de invierno cuando empieza la carrera de la floración, y el almendro es la especie más visible de las de floración más temprana como una planta anual la erófila de invierno que tiene que hacer todo el ciclo en unas pocas semanas, por lo que su tamaño es solo de unos escasos 2-3 cm de altura, el azafrán blanco, narcisos, nazarenos. Pero claro este adelanto de fechas las obliga a soportar las heladas y alguna nevada tardía, por lo que han de desarrollar anticongelantes, como la glucosa, que evita que el agua intracelular se congele y con ello dañe las paredes celulares. 

Así muchas plantas desafían al invierno y tiene adaptaciones fisiológicas contra el frío, no es que les guste el frío, pero lo llevan mejor que la sequia del verano frente a la que su única estrategia será desaparecer.

         

Hepatica nobilis adelanta su ciclo para evitar competir, y perder, con los árboles por la luz

        Pero hay otras plantas que usan la misma estrategia, florecer muy tempranamente, pero con una finalidad diferente, su problema no será la falta de agua en verano, sino la falta de luz. Son plantas del suelo del bosque que viven bajo la sombra de los árboles, entonces tiene que aprovechar para florecer y reproducirse a finales de invierno cuando hay más luz, pues los árboles bajo los que viven aún no han desarrollado las hojas. Y así dan las notas de color en el bosque en descanso, pendientes aún de las ultimas nevadas y los amaneceres con escarcha. Su programación es tal que si se encuentran bajo una cobertura perenne como un pinar donde al no perder las hojas, la luz que reciben no va depender de los árboles, siguen floreciendo tempranamente, como con prisa. Y entre nosotros sus nombre comunes son de lo mas sencillos: como floreces al principio de la primavera, te llamaras primavera; como tus flores son violetas, violeta, y como tu hoja recuerda al hígado, pues hepática, así de sencillo y fácil de recordar.

 

sábado, 6 de febrero de 2021

TUYO PARA SIEMPRE, CON CARIÑOS, CAOS


El caos puede ayudar mantener el orden al crear diversidad. Caducifolios principalmente abedules en una masa de pino silvestre.

        Esta podría ser la finalización de un carta, en la que alguien cercano a nosotros nos cuenta lo mucho que nos ama, y que siempre seguirá cerca nuestro. En este caso ese alguien, o mejor ese algo, es el caos que seria el responsable de los desastres, eventos y perturbaciones de la naturaleza que nos afectan; algo así como el dicho de “quien bien te quiere te hará llorar”, pero al menos en este caso tiene un sentido.

         Nosotros percibimos la vida de una forma lineal, con un principio y un final. Pero la naturaleza no es así, son ciclos que van del desorden (el caos) al orden (el cosmos), para a través de los desastres volver al caos y empezar de nuevo en un ciclo continuo. 

Esta imagen de suelo sin plantas y troncos caídos corresponde a un rodal de carrascal de los mejor conservados de Aragón con ejemplares de más de cien años. Poco tiene que ver con la imagen idealizada que tenemos de un bosque virgen. En este caso la gran cantidad de madera muerta en el suelo nos indica que hace mucho no se extraen leñas de él. 

        El orden seria un ecosistema estable, en equilibrio, en las zonas de clima templado como la nuestra, seria un bosque salvo en los lugares donde el suelo no lo permita por: ser rocoso, salino, las zonas permanentemente cubiertas de agua, o donde el clima limite el establecimiento de árboles (por aridez o frío); y esos bosques (seria la vegetación primaria o clímax climácica) tendrían en la mayor parte de los casos una especie arbórea dominante que desplazaría a las demás, incluso a los ejemplares jóvenes de su misma especie, así tendríamos un bosque maduro con árboles en su máximo esplendor pero con poca diversidad de especies; si dominan en el tiempo y el territorio, y no hay perturbaciones ni eventos que lo altere, los árboles de este bosque primario se irían haciendo viejos y con ello perdiendo fertilidad. 

         Esta situación de estabilidad que todos desearíamos, esta imagen que idealizamos de una densa bóveda de copas de árboles impresionantes que lo cubre todo, sostenida por enormes troncos sobre un suelo cubierto de hojarasca, tiene sus problemas. El dominio del bosque por ejemplo impide la existencia de la vegetación colonizadora que necesita sol directo, como lo es la hierba de la que se alimentan los herbívoros, por lo que estos no abundan y aún menos los depredadores. Imaginemos en este bosque ideal un desastre natural: temporal de viento o nieve, incendio, lo que queramos; los árboles del bosque dominante no surgen de la nada, necesitamos las semillas, y aún antes unas condiciones adecuadas para que etas germinen, condiciones  que suele proporcionarlas las plantas colonizadoras, la que denominamos vegetación secundaria, y que ha sido eliminada por el bosque maduro; nuestro magnífico bosque primario tendría grandes dificultades para recuperarse. 

         Imaginemos ahora que nuestro bosque no es tan perfecto pues ha ido sufriendo modestas desorganizaciones caóticas en forma de eventos como pequeños incendios o caída de árboles, que han roto la uniformidad creando parches de vegetación secundaria, hay claros donde encuentran alimento los animales herbívoros, y rodales de árboles en diferente estado de recuperación. En esta situación, en caso de un desastre natural que afecte profundamente al bosque, las especies que lo van a restaurar y a recuperar, la vegetación secundaria, están ahí mismo por lo que desde el primer momento van a empezar actuar. 

         

Rebrote de alfalfa después de 12 días de haber ocurrido el incendio. y sin haber pasado por temporada de lluvias.

    Por lo que tenemos dos modelos, muy teóricos pues en la naturaleza influyen más cosas, pero para poder comprenderlos tenemos que simplificarlos. Por un lado un modelo muy estable con poca diversidad y difícil recuperación en caso de desorden por su uniformidad, y por otro un modelo en equilibrio dinámico, muy diverso y que se recupera con mayor velocidad. Ambos son dos modelos que usamos para comprender el papel del caos (perturbaciones, eventos, desastres y catástrofes naturales) en los ecosistemas. Lo que más nos interesa no es evitarlos, que no podemos, sino minimizar sus efectos y valorarlos dependiendo de su frecuencia y su intensidad; el cosmos y el caos forman parte de la naturaleza, y el uno necesita del otro. 

 

miércoles, 13 de enero de 2021

LA NIEVE Y EL SEÑOR RAUNKIAER


Efecto de una intensa nevada en un árbol no acostumbrado a ella, en este caso un olivo con una rama ya rota en el suelo por el peso de la nieve.

            Pudo haber sido en Norteamérica o en Siberia, o en cualquier otro lugar donde la nieve sea mucho más abundante pero fue en Centroeuropa concretamente en Dinamarca donde un asistente del jardín y del museo botánico de la Universidad de Copenhague que luego pasaría a ser profesor, llamado Christen Christiansen Raunkiaer, se fijo en la relación entre la morfología de la plantas, la posición de sus yemas en invierno y la nieve. Con sus observaciones ordeno y clasifico las plantas, la naturaleza no necesita que nosotros la organicemos, sino que lo hizo para que nosotros pudiéramos entender como las plantas aprovechan el recurso de la nieve para superar el invierno.

         El agua es imprescindible para la vida en nuestro planeta y además tiene unas propiedades físicas que la hacen casi mágica, digo lo de mágica pues se comporta de una forma totalmente diferente al resto de componentes del planeta. Así cuando se congela forma cristales hexagonales llenos de aristas y que tiene la virtud de retener mucho aire, lo que no solo los hace más ligeros, sino que al retener aire una capa de nieve es un buen aislante térmico, debajo de la cual la temperatura no bajara mucho más de los 0º centígrados; por otro lado el reflejar todo el espectro luminoso, de ahí su color blanco, hace que no se caliente mucho con los rayos solares y por lo tanto la nieve pueda conservarse más tiempo. La nieve no solo es un buen aislante térmico, sino que impide el efecto del viento (bajar la temperatura, desecar, daños mecánicos) y que el suelo a lo largo del día se congele y descongele lo cual ocasiona un movimiento del mismo (crioturbación) que es perjudicial para las raíces de las plantas.            

Rama de un enebro rastreo cubierto por la nieve

           
De manera que C. C. Raunkiaer elaboró el sistema de clasificación de las plantas, que lleva su nombre, perdón su apellido, dependiendo de la situación de sus yemas con respecto al manto de nieve. 

         Básicamente divide las plantas entre las que quedan dentro del manto de nieve y por lo tanto protegidas, en forma de semillas, bulbos, raíces, rizomas, yemas a ras de suelo, o formas enanas, rastreras, de ramas reptantes que se elevan muy poco sobre este. Este último es el caso de árboles de zonas muy frías como la tundra o la alta montaña, como ocurre en el Pirineo con algunas especies de sauces.


         De las que quedan por encima de la nieve, tiene que hacer frente al frío, protegiendo mejor las yemas y las hojas en el caso de las perennes, o desprendiéndose de la hojas y de los problemas que les puede causar el frío en ellas, esta última es la estrategia de los caducifolios.            

Nevada en Fornillos de Montearagón, Huesca, el 10 01 2021. Como pude observarse los efectos son muy diferentes. Izquierda, picea en el jardín las copa se va plegando y sola se van descargando por el propio peso de la nieve. Centro, ciprés la copa se va abriendo si las ramas no se han roto aún es debido sus flexibilidad. Derecha, carrasca las ramas pasan como en el caso anterior de erguidas a colgar y de ahí a partirse. De las tres especies la primera es la única adaptada a las nevada intensas.

      Pero para las especies sometidas a un clima mediterráneo con sequia estival, quedarse sin hojas no es una opción pues deben compensar los días de parada de la fotosíntesis por sequia estival con los días cálidos de invierno cuando hay luz y el agua esta líquida; sus hojas están preparadas para aguantar hasta cierto punto las heladas (la carrasca hasta los -25º centígrados), pero la nieve ya es otro cantar, especialmente en las especies y ejemplares poco acostumbrados grandes nevadas. En los troncos poco espacio hay para acumularse en su superficie curvada, pero no es así en las hojas; de manera  que el extremo de la rama, el follaje junto con la nieve, va pesando cada vez más, van inclinándola con su peso cada vez mayor, y de erguidas van tomando un aspecto colgante, hasta que tensionadas por el peso pierde toda flexibilidad y una vez que supera su capacidad de carga, un crujido y la rama se rompe.

         Curiosamente los árboles que más aguantan el frío son coníferas. Las coníferas son especies menos eficientes pero más resistentes que las frondosas. Las ramas de las especies de zonas frías se desarrollan en horizontal y se van curvando con el peso de la nieve, tal vez por eso los abetos de Siberia sean de copa tan estrecha, cuanto más corta la rama menos palanca hará el peso de la nieve; en el caso del abeto sus pequeñas hojas dispuestas en planos crean superficies donde con el peso de la nieve la rama se va inclinado progresivamente hacia el suelo, hasta que se descarga de ella volviendo a su posición inicial; la otra especie que soporta grandes nevadas en el Pirineo, el pino negro, según van avanzando en edad sus ramas toman una posición cada vez más inclinadas al suelo casi perpendiculares a este, con lo que dificulta la acumulación de nieve.  

         El que los árboles de estas zonas frías y con grandes nevadas sean de hoja perenne se explica por lo corto del verano y el escaso tiempo para poder desarrollar completamente el follaje como le ocurriría a una especie caducifolia; en los veranos fríos, cuando se acorta la época vegetativa aunque no de tiempo a renovar follaje siempre tendrán el de años anteriores.