jueves, 14 de febrero de 2019

Y SOLPÓ Y SOPLÓ, Y EL ÁRBOL TUMBÓ

     
Efecto del viento sobre la nieve recién caída en unas zonas la acumula, en otras se la lleva.
     Bueno el viento puede ser catastrófico y tirar arboles, edificios y estructuras parecidas, pero más habitualmente tiene un papel menos extremo, pero más cotidiano y que influye en los ecosistemas hasta tal punto que incluso cuando no esta activo podemos ver su huella.
         Durante la pasada tormenta Helena veo una foto de un paisaje nevado con un árbol solitario, reconozco en lugar y el árbol (y hable de él ver: 26 noviembre 2016). Así que decido ir a verlo y fotografiarlo (la envidia es mala y también quiero una foto así). Ya en el lugar veo que hay mucha nieve aunque curiosamente en las cercanías del árbol no, pero no parece que sea por deshielo; pero al igual que falta nieve en algunas zonas del suelo en otras se ve unos característicos canalillos cortados por un escarpe de nieve, signo de nieve transportada y acumulada por el viento.
        
El viento elimina la nieve de la  zonas por donde circula a más velocidad
       Bueno con solo la imagen puedes tener dudas sobre lo que ha pasado, pero cuando yo estaba ahí, el viento soplaba lo suficiente como para que no pasara desapercibido, (mis manos bajo los guantes no conseguían entrar en calor),  y su dirección coincidía con los canalillos, el viento al llegar a una vaguada “se expandía” perdía velocidad y depositaba la nieve, al remontar la otra orilla “se concentraba” aumentaba su velocidad y entonces se llevaba la nieve de esa zona por lo que al final aparecía la hierba que había debajo. Esto que parece un  “sin sentido” pero tiene una explicación física o al menos un tal Venturi lo explico, el viento no es más que un volumen determinado de aire que se desplaza, cuando disminuye la sección por la que tiene que pasar (se concentra) debe aumentar su velocidad para pasar la misma cantidad de aire, es lo mismo que ocurre cuando tenemos una manguera y reducimos la boca de esta tapándola con el dedo, el agua sale con más velocidad pero sale la misma cantidad de agua. 
         Algo tan sencillo, e inapreciable si no vamos un día de viento, tiene sus repercusiones más allá del invierno.
El Farallón inclinado por el viento que baja del puerto.
       La nieve es un buen aislante térmico (en verdad lo es por la gran cantidad de aire que atrapa entre sus cristales) por lo que donde esta se acumula las plantas están menos expuestas al frío.  En las zonas cercanas donde no hay nieve las plantas estarán sometidas a temperaturas más bajas, al efecto del viento  (mayor evaporación y por lo tanto enfriamiento), incluso el suelo se helera y deshelara más veces lo cual no es bueno para las raíces de las plantas. Consecuencia, deberíamos encontrar diferencias entre las especies de plantas que crecen en las zonas de acumulación de nieve de las que crecen en las zonas despejadas, si en este lugar concreto no son muchas las diferencias es posible que sea porque no estamos en una zona de mucha altitud y las temperaturas no son tan extremas.
         Otro efecto es el árbol solitario, es uno de los Faballones, y crece inclinado  según la dirección del viento. Lo lógico seria pensar que el viento que más le afecta es gélido invernal, (pero las hayas pueden soportar, una vez se les han caído las hojas los -20º-30º C bajo cero) por lo que seguramente sean los vientos que se produzcan durante el periodo vegetativo, especialmente cuando brota la hoja que es cuando menos protecciones tiene esta bien para el frío, bien para la sequedad que ocasiona el viento, el causante de que el follaje se desarrolle más a sotavento del propio árbol y el tronco se tumbe. 

lunes, 28 de enero de 2019

LO QUE EL VIENTO NO SE LLEVÓ

       
Sabina negra ya muerta pero que conserva la forma aerodinámica, el viento vendría desde la izquierda.
       Invierno, el sol brilla con fuerza pero el frío atraviesa la ropa que me cubre empujado por el viento, busco un lugar donde resguardarme pero en esta llanura en la que me encuentro solo queda tumbarse, a ras de suelo la velocidad del viento siempre será menos por el rozamiento con él, o acercarme una mata que destaca, elijo lo segundo me parece más cómodo y siento curiosidad.
         Cuando estoy junto a ella veo que es una sabina albar y su tamaño es mayor de lo que parecía, en estos territorios abiertos sin muchas referencias cuesta hacerse idea del tamaño de lo lejano y la atmosfera limpia no ayuda a imaginar las distancias. Me llama la atención que a pesar de su altura de unos metros conserva su porte de arbusto, en estas zonas esteparias esto es un ventaja, en verano con sus ramas bajas evitan el calentamiento del suelo y que se deseque más, y hoy con fuerte cierzo aunque sus ramas ofrecen más superficie al viento, al ser flexibles hacen disminuir la presión en su tronco; aunque a veces muy pocas veces, son sus raíces las que no soportan la tensión y el árbol es tumbado por el viento, aunque suelen ser árboles situados en las márgenes de los campos donde alguna de sus raíces principales han sido dañadas por el labrado del campo junto al que está.
         A sotavento del viento, tras el parapeto del ramaje de la sabina me encuentro a gusto y calentado por el sol invernal que ahora si que se nota.       Cuentan de árboles a los que han eliminado sus ramas bajas para que se parezca más un árbol, y se han partido con un fuerte viento, sus troncos no estaban preparados para esta nueva fuerza; antes todo el follaje que llegaba hasta el suelo aminoraba la presión del viento, ahora esta se concentra el copa, hace de palanca y el tronco no esta preparado para esta tensión y no lo aguanta. 
        
Sabina negra con forma aerodinámica, el viento vendría desde la izquierda.
        Pero los árboles son sufridos y durante su crecimiento pueden adaptarse al viento. En especial si dominan vientos de dirección constante, como el viento del norte en la sierras prepirenaicas que no solo se encañona por los valles sino que desciende por las laderas, y en las zonas más desprotegidas podemos encontrar como algunos árboles lo afrontan, troncos rectos pero todo el follaje tras la protección del tronco a sotavento del mismo, como yo estoy ahora tras la sabina. Estas copas asimétricas son la expresión de vientos fuertes y de dirección constante, y es fácil de comprobar si los vistamos uno de esos días desapacibles en los que no nos solemos exponer a los elementos, en este caso al fuerte viento. 
        Incluso si pudiéramos observar en interior de los troncos de estos árboles veremos que son buenos ingenieros. Como las tensiones se acumulan en la zona cercan al suelo ahí es donde el árbol va a reforzase, formando más madera, bien con la creación de varios contrafuertes, o en el caso de vientos de dirección constante un contrafuerte principal, dando a su sección una forma alargada en ovalo, no tanto por ser más aerodinámica sino por hacer que sus anillos de crecimiento sean más anchos donde se acumulan las tensiones, en el caso de las coníferas en el lado opuesto de la dirección del viento.
 
Pino piñonero de Villafranca, en cada linea roja hay el mismo numero de anillos 
         Esto es un ventaja y un inconveniente, y es lo que le paso al pino piñonero de la población de Villafranca de Ebro. A pesar de figurar en el escudo del pueblo, su edad estaba entorno a los dos siglos, situado en solitario tras el muro del jardín del palacio en una zona donde los vientos llegan a alcanzar los 160 km hora, su porte típico de pino piñonero, tronco desnudo y copa densa ovalada, hacia que fuera muy sensible al viento, por eso su tronco y dado que el viento dominante es el cierzo y discurre del NO a SE se había alargado en esa dirección, totalmente adaptado al viento reinante de la zona; pero en verano del 2108  una tormenta con fuertes vientos lo tiró, la causa fue que ese día el viento soplo de sur a norte y a él árbol no estaba preparado para soportar la tensión en una dirección no habitual, sus raíces cedieron y el gran pino del escudo de la población cayo al suelo.
         Los árboles son resistentes pero necesitan tiempo para aptarse nuevas condiciones, sobretodo si estas son intensas.

martes, 18 de diciembre de 2018

UN MUNDO BAJO LA HOJARASCA

       
Hongos creciendo en una ramilla unos 3 mm de diámetro escondida bajo capas de hojarasca.
       Lo tengo que reconocer esta es una de esas cosas en las que debía de  haberme dado cuenta, pero como tantas me había pasado desapercibida.
         Fue hace pocos días en una charla de Pablo Pérez Daniëls en la feria micológica de Ayerbe, el ponente hablaba sobre la ecología de los hongos (mas allá de las setas y la gastronomía)  y menciono la importancia de los hongos para reciclar la hojarasca y liberar sus nutrientes. Pensémoslo, lo qué ocurriría con todas las hojas que caen de un árbol en otoño, sino hubiera un mecanismo que las eliminara; se acumularían en especial donde las lleva la gravedad, el viento y el agua, en esas zonas habría metros y metros de hojas muertas impidiendo la llegada de la luz al suelo y con ello imposibilitando que crecieran plantas, incluso los animales tendrían que “nadar” en ellas, y las masas de agua seguramente estarían taponadas por las hojas. 

Hifas de un hongo cubriendo una hoja muerta de haya
      Recordemos, un animal herbívoro se alimenta de las hojas de las plantas, y las prefiere recién formadas porque son ricas en agua, vitaminas y proteínas, y de la parte indigerible, la celulosa y algo de lignina, se encarga la flora microbiana de su sistema digestivo, ¿pero alguien ha visto a algún animal herbívoro comerse la hojarasca? La repuesta es no.  Los árboles cuando van a desprenderse de las hojas extraen todas la sustancias que pueden aprovechar y usan la hoja para depositar sustancias de desecho de su metabolismo, por lo que la hojarasca es celulosa y poco más. Por lo tanto no es una fuente de alimento para los animales, pero si para otros organismos como las bacterias y los hongos, su acción es lo que solemos llamar pudrición y ahí nos quedamos, estos organismos son los que no solo eliminan la hojarasca sino que además liberan los nutrientes que el árbol ha usado y los vuelven a poner a disposición, especialmente de las plantas. 
         
El hongo se encuentra en el interior de la hoja de haya, y para reproducirse emite fuera los carpóforos (las setas) de donde saldrán las espora que caerán en el interior de la hojarasca del haya. 
      Si tenemos la oportunidad, y si no la buscamos, de agacharnos en el suelo de un hayedo, vamos retirando las hojas recién caídas, están secas y reconocibles, a poco que profundicemos las hojas están cada vez más deterioradas y húmedas, y podemos distinguir un buen numero de invertebrados de muy pequeño tamaño que deambulan por ellas, en esta zona podemos ya encontrar las hifas de los hongos, un entramado de filamentos blancos muy finos algunos dispuestos en forma de abanico o radialmente; un poco más abajo las hojas están saturadas de humedad y mas abajo lo que queda de ellas una masa negruzca ya el producto final. De camino si hemos tenido suerte encontraremos algunos hongos de la hojarasca que se están reproduciendo con sus órganos fructíferos (setas), algunos ni siquiera se molestaran en llegar a la superficie, no lo necesitan están rodeados, inmersos, en su alimento; formando delicadas de setas blancas y traslucidas, algunas de dimensiones de alfileres entomológicos del 000, que son más finos (como un cabello) y más estilizados que los de costura. El encontrar alguna de estas colonias de setas  nos permite hacernos una idea de las dimensiones, pues algunas hifas de hongos se desarrollan en el interior de una de las hojas de haya y solo emerge una parte para reproducirse.
         Estamos como tantas veces ante un mundo que permanece oculto por su tamaño, aunque cuanto más nos acercamos más se expande, pero sin embargo de su presencia no solo nos beneficiamos sino que sin él la vida seria de otra manera de como la conocemos.


martes, 4 de diciembre de 2018

ARRIBA, MÁS ARRIBA, EN EL "QUINTO PINO".

        
 Por encima de los 2500 metros de altitud los asteriscos marca la situación de los últimos árboles, en el "quinto pino"
       Cada vez que levantaba la mirada ella seguía ahí, impasible, pétrea, la ladera de la montaña parecía inacabable; la línea del falso collado al que me había propuesto llegar no aumentaba de tamaño, y lo peor, a cada paso parecía que se alejaba. Jadeaba, me dolía el cuello y los hombros por lo que caminaba encorvado y con la cabeza agachada que era como más alivio sentía, lo que hacia mi aspecto más penoso aún, menos mal que estaba solo en la montaña, y más en un lugar por el que algunos suben corriendo al pico (el problema esta claro no era la montaña, era mi cuerpo). Mi objetivo era un diminuto pino negro que había visto desde abajo con los prismáticos, sentía curiosidad por conocer como era el lugar en el que prosperaba ese árbol, pues el emplazamiento parecía un yermo que asustaba a la vida.
         La curiosidad es una dulce condena que te hace ir a los lugares más increíbles  (y a veces aparentemente absurdos), y el esfuerzo es el pago por satisfacerla. Por eso para mi esa ladera era (a pesar de mi penoso estado) un lugar fascinante donde satisfacer la curiosidad, aunque seguramente para el resto de las personas, no era más que un yermo pedregoso, estéril y muy empinado, un mero transito que solo tiene valor si llegas a la cima.
        
 Los pinos negros de aspecto más viejo y maltratado pero no los que viven a mayor altitud en la zona.
        El lugar al que la final llegue movido por la curiosidad, no estaba nada mal: relativamente llano, descansar, comer algo, con una buenas vistas para dibujar y hacer algunas fotos. Envuelto por el sol de otoño que me permitía secar el sudor de mi ropa, disfrutaba del premio al esfuerzo, había llegado hasta el árbol más alto, al yermo rocoso, empinado, de aspecto seco, quemado por el Sol, helado en invierno, de apariencia casi estéril que era su hogar; entonces fue cuando los vi. 
         Yo creía haber llegado al pino más alto y lejano, y entonces vi otros tres árboles aún más arriba, y lejanos, “en el quinto pino”. La pregunta es que hacían árboles tan altos  (al que yo llegue estaba a 2500 metros de altitud y los situados por encima a unos 2600 metros o más) y cuanto tiempo llevan ahí, la verdad es que una pregunta se responde con la otra. Lo que hacían era vivir, porque las condiciones climáticas se lo permiten, su periodo vegetativo llega a ser lo bastante largo como para formar nuevas hojas y poderlas proteger convenientemente con cutículas y otros tejidos para soportar el frío del invierno; eso si nunca serán ejemplares de gran talla, y pude tener una idea de su edad pues mientras son jóvenes incorporan un nivel ramas cada año, así contándolos puedes hacerte idea de su edad, y el resultado era que eran muy jóvenes.  Lo que da una idea de que los árboles van expandiéndose en altura, esto de ser así pues no se pueden dar conclusiones con una sola observación, podría ser por un aumento de las temperaturas, la disminución de la nubosidad en verano que haría que el suelo se calentara más o la falta de herbívoros, como las cabras, que se coman los pimpollos y renuevos como ocurre en otras zonas; o simplemente por la combinación de varias de ellas. 
         
El arbolado se va recuperando en las zonas de alta montaña y según parece ascendiendo de cota
       Así mientras bajaba mentalmente recordaba los lugares donde había árboles creciendo a la mayor altura posible, seria interesante ver que edades tenían y…….lo dicho:  la curiosidad es una dulce condena que te hace ir a los lugares más increíbles, y el esfuerzo es el pago por satisfacerla.

sábado, 17 de noviembre de 2018

TEN CUIDADO CON LO QUE DESEAS, NO SEA QUE SE CONVIERTA EN REALIDAD

       

La exposición: la memoria de los árboles en el Espacio Pirineos de Graus
        Toca ya parar un poco y echar la vista atrás, hace 5 años comenzamos con la primera microexposicion del Espacio Salto de Roldán, se llamaba “la memoria de los árboles” y contaba con unas pocas rodajas de troncos, prácticamente exponíamos todas las que habíamos conseguido en la estantería- expositor que teníamos para ello.  
         Hoy la colección conseguida se denomina ARBÓREO, cuenta con 406 ejemplares de 65 especies de plantas leñosas especialmente espontáneas del Altoraragón; si contamos que de cada ejemplar hemos obtenido 2 ó 3 rodajas y  también incluimos troncos enteros de hasta 4 metros de altura, y otras piezas de más de 90 kg. de peso, os podéis hacer una idea del volumen que manejamos y los consiguientes problemas de almacenamiento, de ahí el titulo de la entrada pues cuando empezamos deseábamos conseguir piezas grandes e interesantes, justo lo que ahora tenemos pero no pensamos en eso podía ser un problema para guardarlas.
         Ahora mismo, mientras escribo esto tenemos dos exposiciones en exhibición y cada una diseñada con unos fines muy concretos:
 -La memoria de los árboles,en el Espacio Pirineos, Graus hasta el 5 de enero del 2019.  Esta exposición se transporta en un coche normal, la puede montar una persona sola en una hora, sobre mesas o colgando a modo de cuadros y esta pensada para centros de enseñanza y locales pequeños, ocupa 20 metros lineales.
-Los árboles nos cuentan su vida,en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza hasta el 26 de enero del 2019. Aquí ya necesitamos un camión pequeño para su transporte pues es una exposición grande, compleja (hay piezas que por sus dimensiones hay que ensamblar en el lugar), pensada para espacios grandes y largas permanencias. La mayor superficie que hemos cubierto es de 300 m2, pero podría ser mayor ( y no es una fanfarronada).          
La exposición: los árboles nos cuentan su vida, en el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza
       Con estas son ya 35 exposiciones en total, y hemos pasado por colegios, institutos, centros culturales, salas de pueblos pequeños y ferias, pero también por el Jardín Botánico de Valencia o el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, este bagaje nos ha aportado valor a la colección de ARBÓREO y mucha seguridad en lo que hacemos; especial mención a las ferias, tienes que montar y desmontar rápido, independientemente del volumen que lleves y normalmente sin ayuda, además estas continuamente hablando sobre las piezas y observando al publico, por lo que aprendes lo que funciona o lo que no, que sobra y que falta; esa experiencia aunque agotadora es imprescindible para conocer el valor de tu trabajo y defenderla  en lugares más digámoslo…. complejos.


         Hay museos con rodajas de árboles de mayor tamaño, en Nueva York, Londres o  París, pero las historias que podemos contar nosotros con las piezas de ARBÓREO no las cuenta nadie más, por muy museo de gran capital que sea. Así podemos hablar de la longevidad de la sabinas negras (4 ejemplares de más de 600 anillos de crecimiento), sobre eventos como aludes, incendios, riadas, el efecto de la competencia con otros árboles o de parásitos y depredadores, y de cómo también las actividades humanas quedan escritas en la madera.  Y por fin hemos podido conseguir una rodaja de un árbol al que le cayo un rayo, como atestigua su cicatriz con madera calcinada y siguió vivo; y aún nos falta alguna cosa más pero estamos en ello.

         Aunque la itinerantica es una forma de llegar a muchas personas, ya toca buscar una exposición permanente, lo más difícil es encontrar las piezas, el que pasen la mayor parte del tiempo almacenadas no tiene mucho sentido más si la colección funciona y las exposiciones suelen ser un éxito de publico; ahora solo queda  buscar el contenedor, y salir al extranjero el no ya lo tenemos.  










lunes, 1 de octubre de 2018

UNA MIERDA DE CAMUFLAJE

Camuflaje en blanco y negro de dos especies de polillas
          El camuflaje trata de intentar disimular nuestra presencia o que esta pase inadvertida bien a nuestras presas o a nuestros depredadores, disimular con apariencia falsa. El método mejor es imitar al entorno con colores texturas o con el comportamiento.
         Con el color tenemos insectos que pueden ser de color rojo si el sustrato sobre el que viven es de ese color, o es de varios colores para una misma especie o un mismo ejemplar; incluso esos colores pueden cambiar, recordemos a camaleones y los pulpos. El animal puede tomar la forma de algún elemento como una piedra o una hoja y en muchos casos el comportamiento complementa el camuflaje, pasos vacilantes como si fuese movido por el viento, posturas que imitan a ramas secas. En algunos casos más que el color se utilizan el contraste entre tonos, como la combinación de blanco y negro, en este caso a todos nos ha venido a la mente el caso de las cebras, según parece esta combinación de colores y dibujos sirve para hacer más difícil el diferenciar a un individuo dentro de la manada, un león no ataca a bulto, selecciona un individuo que considera más fácil, si reducimos la capacidad de fijar un objetivo seguramente reducimos la eficacia del ataque. Hay algunas polillas con diseño alar de manchas blancas y negras bastante llamativas en cualquier situación, la explicación es que en las zonas boscosas el contraste de la luz  y sombra dificulta la visión de su perfil, otros dicen que podrían recordar al excremento de un pájaro, y ahí quería llegar yo.
        
Adulto del escarabajo Cassida
        Las larvas del escarabajo Cassida, como las de tantos insectos, se parecen muy poco a los adultos, bueno no se parecen en nada. Los adultos son de color verde y recuerdan a un plato sopero puesto del revés los bordes de su tórax y abdomen se prolongan hasta el suelo, de forma que ni desde arriba ni de lado diferenciamos su cuerpo,  ni siquiera vemos las patas. En la misma hoja de cardo que vemos al adulto podemos encontrar a su larva con un aspecto completamente diferente: de cuerpo alargado, de color negro, con un reborde de apéndices en forma de espina ramificada  que rompen su silueta y ayudan a estabilizar su delicado camuflaje, sus propios excrementos. La larva hace lo que toda larva: comer y digerir la comida, pero así como en otras especies se deshacen rápidamente de sus excrementos para evitar ser localizadas a través de ellos por sus depredadores; estas tiene el extremo del abdomen curvado hacia arriba, y así sus excrementos son depositados sobre dos largos apéndices que se encuentran sobre su cuerpo pero que evitaran que los excrementos lo toquen.
         
Larva del escarabajo Cassida, camuflada bajo sus propios excrementos
         Nosotros vemos una hoja de cardo con marcas de que alguien se lo esta comiendo pero no vemos a quien, seguramente pensemos que se ha ido, o que tiene otro horario, de hecho hay pequeños montoncitos de excrementos que lo evidencian. Pero si nos si fijamos los excrementos se mueven y  si nos fijamos un poco más vemos los excrementos, un reborde de apéndices y una diminuta cabeza que remata el conjunto y no hace más que comer, y cagar. 
         Así en la planitud de la gran hoja de cardo donde no hay escondite el recurso es ocultarse en algo que nadie quiere, vamos un camuflaje de mierda, propia eso sí.

jueves, 16 de agosto de 2018

LOS ÁRBOLES DE LA DESOLACIÓN

         
Un pino negro se alza sobre la superficie rocosa del karst, resistiendo la duras condiciones ambientales y el tiempo
        Estoy ante una isla mineral, de roca áspera y seca, que esta rodeada de prados y de bosques de pinos, de hayas, de abetos; un territorio desolado que emerge en una de las zonas más húmedas de los Pirineos .
         Aquí la roca caliza se enseñorea de la superficie, con escarpes que se desmenuzan creando pedreras y el karst aflorando dejando a intervalos los pequeños cráteres de sus dolinas. Entre ellas la roca fisurada y erosionada por la acción química del agua deja tramos llenos de cuchillas pétreas por donde caminar se hace complicado. Esta roca toma para sí toda el agua de las precipitaciones, la absorbe como una esponja y la hace desaparecer de la superficie. En el camino el agua parece que se resiste aferrándose hasta el punto que la deshace llevándosela disuelta con ella, como consecuencia una montaña llena de galerías, túneles y pozos muchos de ellos sin conexión con la superficie, compararla con una esponja no es una metáfora. Al final la roca devuelve el agua en forma de manantial abajo en el valle o en otro valle; como consecuencia si la parte alta parece un desierto la baja es un vergel.
         De manera que este lugar es un lugar contradictorio: un vallecito por el cual no ha discurrido nunca el agua o una “llanura” acanalada, cóncava, y dado que esta en una abrupta montaña las gentes del lugar la denomina La Plana, el llano.
         
Vista de La Plana hacia su cabecera, los árboles de la desolación viven en la parte de la derecha
       El color de las rocas calizas dan una patina al lugar entre gris claro y beige según el estrato, nada diferenciable pues solo cuando están juntos nos damos cuenta del cambio de color; de manera que solo los núcleos de sílex que aparecen de vez en cuanto rompen la uniformidad, más que nada por un liquen amarillo que solo crece sobre estas rocas ricas en sílice.

         Pero la vida cuando decide establecerse en un lugar lo hace sin vacilaciones, aunque nosotros no nos podamos imaginar ni como se atreve. 
         Algunas lagartijas corren entre el universo de piedras a la caza de las arañas lapidícolas y estas de los invertebrados que han aterrizado llevados por el viento a este mundo mineral. Incluso vemos las conchas vacías de algunos caracoles que tienen en este mundo frío y seco su hogar. 
         Pequeños, diminutos, parches de hierba aparecen entre algunas rocas, desde la austeras y poco llamativas gramíneas como la festuca a la aguileña con atrevidas flores azulonas, grandes y complejas, tanta flor para una planta tan pequeña, la nota de derroche vital en un lugar tan austero. Cuatro árboles desafían a este lugar, y cuando digo cuatro no son algunos árboles, son: uno, dos, tres y cuatro pinos negros de aspecto cansado por los años y demacrados por las condiciones en las que tienen que vivir, pues parece que la montaña a cambio de dejarles crecer aquí los tortura con la sed y el frío. Por eso deben tener muchas ramas secas, nudos huecos de ramas desgarradas, heridas nunca cicatrizadas, e incluso partes de los troncos muertas como evidencia la corteza que no cubre amplias zonas de los mismos. Estos árboles tienen el peor castigo para un organismo, no morir y sufrir cada día su atrevimiento de vivir. Pues en invierno el agua permanece en forma de nieve y así los árboles no la pueden usar, tienen que esperar a que se derrita y entonces esta desaparece rápidamente; y en verano el sol inclemente borra cualquier atisbo de humedad, y el agua de las tormentas ha de ser capturada antes de que desaparezca en la roca. Y también por el frío por la altitud, pues a cerca de 2000 metros la época de crecimiento se reduce notablemente; y sino el viento, las exiguas copas en bandera creciendo en una dirección concreta nos dan la idea que de que no todos los días son apacibles.
         
La raíz de uno de los pinos sobre el lapiaz
       Y en la base de todo el suelo de roca, sobre el que se arrastran las raíces de los árboles cogiendo migajas de nutrientes; pero las raíces no se pueden desarrollar bajo la luz del sol, por lo que esto evidencia suelo perdido.  
         Es un lugar tan desamparado que los troncos de la árboles muertos, antiguos compañeros de nuestros cuatro árboles permanecen momificados ahí donde cayeron, ni para leña se han usado y su madera poco a poco va cediendo las moléculas que la forman para crear nueva vida. Vida que se sigue atreviendo a desarrollarse en este lugar, pequeños pimpollos de pino rodean a nuestros cuatro pinos viejos, tal vez sea que la propia dispersión de sus piñones no da para ir mas lejos; o tal vez aunque no lo parezca en su cercanía tienen mejores condiciones para crecer. La esperanza continúa, la vida se sigue aventurando con los árboles de la desolación.