miércoles, 13 de enero de 2021

LA NIEVE Y EL SEÑOR RAUNKIAER


Efecto de una intensa nevada en un árbol no acostumbrado a ella, en este caso un olivo con una rama ya rota en el suelo por el peso de la nieve.

            Pudo haber sido en Norteamérica o en Siberia, o en cualquier otro lugar donde la nieve sea mucho más abundante pero fue en Centroeuropa concretamente en Dinamarca donde un asistente del jardín y del museo botánico de la Universidad de Copenhague que luego pasaría a ser profesor, llamado Christen Christiansen Raunkiaer, se fijo en la relación entre la morfología de la plantas, la posición de sus yemas en invierno y la nieve. Con sus observaciones ordeno y clasifico las plantas, la naturaleza no necesita que nosotros la organicemos, sino que lo hizo para que nosotros pudiéramos entender como las plantas aprovechan el recurso de la nieve para superar el invierno.

         El agua es imprescindible para la vida en nuestro planeta y además tiene unas propiedades físicas que la hacen casi mágica, digo lo de mágica pues se comporta de una forma totalmente diferente al resto de componentes del planeta. Así cuando se congela forma cristales hexagonales llenos de aristas y que tiene la virtud de retener mucho aire, lo que no solo los hace más ligeros, sino que al retener aire una capa de nieve es un buen aislante térmico, debajo de la cual la temperatura no bajara mucho más de los 0º centígrados; por otro lado el reflejar todo el espectro luminoso, de ahí su color blanco, hace que no se caliente mucho con los rayos solares y por lo tanto la nieve pueda conservarse más tiempo. La nieve no solo es un buen aislante térmico, sino que impide el efecto del viento (bajar la temperatura, desecar, daños mecánicos) y que el suelo a lo largo del día se congele y descongele lo cual ocasiona un movimiento del mismo (crioturbación) que es perjudicial para las raíces de las plantas.            

Rama de un enebro rastreo cubierto por la nieve

           
De manera que C. C. Raunkiaer elaboró el sistema de clasificación de las plantas, que lleva su nombre, perdón su apellido, dependiendo de la situación de sus yemas con respecto al manto de nieve. 

         Básicamente divide las plantas entre las que quedan dentro del manto de nieve y por lo tanto protegidas, en forma de semillas, bulbos, raíces, rizomas, yemas a ras de suelo, o formas enanas, rastreras, de ramas reptantes que se elevan muy poco sobre este. Este último es el caso de árboles de zonas muy frías como la tundra o la alta montaña, como ocurre en el Pirineo con algunas especies de sauces.


         De las que quedan por encima de la nieve, tiene que hacer frente al frío, protegiendo mejor las yemas y las hojas en el caso de las perennes, o desprendiéndose de la hojas y de los problemas que les puede causar el frío en ellas, esta última es la estrategia de los caducifolios.            

Nevada en Fornillos de Montearagón, Huesca, el 10 01 2021. Como pude observarse los efectos son muy diferentes. Izquierda, picea en el jardín las copa se va plegando y sola se van descargando por el propio peso de la nieve. Centro, ciprés la copa se va abriendo si las ramas no se han roto aún es debido sus flexibilidad. Derecha, carrasca las ramas pasan como en el caso anterior de erguidas a colgar y de ahí a partirse. De las tres especies la primera es la única adaptada a las nevada intensas.

      Pero para las especies sometidas a un clima mediterráneo con sequia estival, quedarse sin hojas no es una opción pues deben compensar los días de parada de la fotosíntesis por sequia estival con los días cálidos de invierno cuando hay luz y el agua esta líquida; sus hojas están preparadas para aguantar hasta cierto punto las heladas (la carrasca hasta los -25º centígrados), pero la nieve ya es otro cantar, especialmente en las especies y ejemplares poco acostumbrados grandes nevadas. En los troncos poco espacio hay para acumularse en su superficie curvada, pero no es así en las hojas; de manera  que el extremo de la rama, el follaje junto con la nieve, va pesando cada vez más, van inclinándola con su peso cada vez mayor, y de erguidas van tomando un aspecto colgante, hasta que tensionadas por el peso pierde toda flexibilidad y una vez que supera su capacidad de carga, un crujido y la rama se rompe.

         Curiosamente los árboles que más aguantan el frío son coníferas. Las coníferas son especies menos eficientes pero más resistentes que las frondosas. Las ramas de las especies de zonas frías se desarrollan en horizontal y se van curvando con el peso de la nieve, tal vez por eso los abetos de Siberia sean de copa tan estrecha, cuanto más corta la rama menos palanca hará el peso de la nieve; en el caso del abeto sus pequeñas hojas dispuestas en planos crean superficies donde con el peso de la nieve la rama se va inclinado progresivamente hacia el suelo, hasta que se descarga de ella volviendo a su posición inicial; la otra especie que soporta grandes nevadas en el Pirineo, el pino negro, según van avanzando en edad sus ramas toman una posición cada vez más inclinadas al suelo casi perpendiculares a este, con lo que dificulta la acumulación de nieve.  

         El que los árboles de estas zonas frías y con grandes nevadas sean de hoja perenne se explica por lo corto del verano y el escaso tiempo para poder desarrollar completamente el follaje como le ocurriría a una especie caducifolia; en los veranos fríos, cuando se acorta la época vegetativa aunque no de tiempo a renovar follaje siempre tendrán el de años anteriores.

 

 

miércoles, 23 de diciembre de 2020

LA SAL DE LA MONTAÑA

     

Eras en las salinas de Añana

         No lo puedo evitar desde niño me han atraído las salinas, esas superficies llanas de luz cegadora donde la vida, la escasa vida que encontramos, hay que escribirla con mayúsculas pues se encuentran con unas condiciones donde en principio no sería posible que existieran. (ver el agua roja en este mismo blog).

         Pero además de esas salinas junto a la costa que se cargan con el agua de mar, están las del interior, en las lagunas de las llanuras secas como las de Monegros; estas son aún más fascinantes para la vida que las costeras, con su difícil clima seco y ventoso, o de nieblas y escarcha, por su flora proveniente de las estepas asiáticas, su fauna endémica y sobre todo el paisaje vacío de sus lagunas blanqueadas por la sal; aquí la sal llega por el agua de escorrentía que lava los suelos salinos o incluso el afloramiento de los escasos freáticos. Pero también están las salinas de  zonas montañosas como las de Naval donde el relieve aún les daba para tener eras donde criar la sal, o Añana  donde las eras tenían que hacerse sobre plataformas de madera. Aquí la sal proviene de manantiales salinos, el agua en su discurrir por el interior del suelo pasa por yacimientos salinos y se carga de la preciada sal, solo hay que retirar el agua, y para eso están las eras donde se evaporaba.

         

A la izquierda manantial de Salinas de Jaca, con costras blanca de sal por la evaporación,  Derecha mata de menta, aguas arriba el barranco es de agua dulce.

     A parte de todas estas salinas quedan pequeños manantiales, para el consumo local se tomaba el agua y esta agua salada transportada en un botico y guardada en un cántaro se utilizaba tal cual para cocinar, sustituyendo a la sal del salero. Donde el relieve o la escasez impedía el construir eras para la evaporación, y en algunos casos si la sal tenia que viajar mucho , el agua se evaporaba hirviéndola en grandes calderos alimentados por leña; como ocurría en la población de Salinas de Jaca, Huesca. De hecho su primera referencia es en el siglo XI, pues pasa ser propiedad del Monasterio de Ruesta. Recordar la importancia de la sal en aquel mundo pues era casi el único conservante de los alimentos, y de hecho el término salario viene del pago que se hacía no con dinero sino con sal. La sal debía ser un buen complemento a la economía de la zona y de su habitantes pues se calcula su población en unos 200 habitantes, dos siglos después pasa a ser propiedad del monasterio de San Juan de la Peña. Curiosamente en el Madoz no se menciona la extracción de sal aunque en decadencia debía ser una actividad que se seguía realizando. Pero cosas de la vida lo que fue el éxito de esta población fue también lo que determino su hundimiento, la sal y concretamente la geología  que permite su existencia.

         La sal de estas zonas se origina en épocas remotas de clima seco en una fase de distensión del Pirineo, hay grandes llanuras arcillosas donde se acumulan los lixiviados de las laderas, se forma lagunas saladas donde precipitan el carbonato cálcico, el yeso y la sal, por este orden. La evolución de la cordillera continua, y a esta fase le sucede otra de compresión los materiales se apilaran, plegaran y estas lagunas saladas, bueno los materiales que se han formado en ellas quedan bajo la superficie. En determinados puntos la erosión las pone al descubierto pero la mayor parte de las veces es el agua de las precipitaciones que se infiltra quien las descubre, el agua se carga de sal y al salir a la superficie de nuevo tenemos un manantial salado.

         

Bóveda de tosca de la iglesia de Salinas de Jaca, al menos en 2019 aún se mantenía en su sitio.

       El problema es que los materiales, la sal y el yeso, se disuelven quedando huecos, y además la arcilla y el yeso si están hidratados son buenos lubricantes, por lo que las laderas se vuelven inestables y se deslizan. Esto ocurrió en Salinas, a mitad del siglo pasado el pueblo fue abandonado Salinas Viejo, y se rehízo, Salinas Nuevo, cerca en un  terreno más estable dejando ya el manantial salino atrás. De hecho solo, aparte de algún muro de las casas, solo queda en pie la iglesia gótica del XIV que nos da una idea de la importancia de la población. En ella destaca su bóveda de crucería que como carece de estuco se ve la fábrica en tosca. La tosca es una roca que crece en las zonas de rezumes o pequeños cursos de agua donde la caliza que lleva el agua se precipita sobre la vegetación acuática, y  la encontramos de camino, de lo nuevo a lo viejo, y forman la cascada que hay junto al puente.

          Así la sal del interior, de la montaña, ha sido el origen y la prosperidad de algunas poblaciones y también su final, cuando dejo de tener valor y cuando fue la causa de la inestabilidad del terreno sobre el que se asentaban. 

 

 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

LA SENCILLA COMPLEJIDAD DE LA VIDA: LLEGA LO ORGÁNICO

         

A partir de átomos y moléculas la vida se despliega ante nosotros. Brote del fronde de un helecho.

        Y si ya tenemos la química orgánica y los genes ¿cuándo empieza la vida?, la respuesta a esta pregunta es difícil, la vida se definía antes como la capacidad de nacer, alimentarse, desarrollarse, reproducirse y morir. Pero la naturaleza se resiste a ajustarse a las definiciones tajantes. Si tomamos fragmentos de ARN o de ADN (de uno u otro, nunca de los dos a la vez) y los envolvemos con una cubierta de proteínas tenemos un virus, que no se alimenta ni puede reproducirse, pero sus genes si se perpetúan. Para ello el virus entra dentro de un célula, la infecta y la obliga a realizar copias de su genes, miles, cuando salen de la célula la revientan y la célula muere como es de imaginar. Pero hay virus no letales, que pueden introducirse en una célula y mezclar su ADN con el de la célula, de manera que cuando la célula se divide replica al virus; pero ocurre que algunos llevan tanto tiempo integrados en la célula que ya no pueden salir de ella incluso pasan a la descendencia de la célula, y los genes que aportan pueden ser inútiles (basura) o puede que sean imprescindibles para la célula y el organismo que forman. 

         Algunos virus que si logran salir de la célula pueden trasportan genes de esta e introducirlos en otra célula cuando la infectan, a modo de “intercambiador de genes”, una especie de herencia en horizontal, pero no por desde tus progenitores que seria en vertical, sino de otras células que están cerca. 

         El siguiente paso sería a esa cubierta y genes añadir unos orgánulos para que pueda alimentarse y reproducirse por sí misma. Tendríamos las bacterias (protistas), a las que ya las consideramos seres vivos de pleno derecho. Hemos llegado a los seres vivos que dominan el planeta no solo en los lugares adecuados para la vida sino en los que parecía que esta era imposible, por excesos térmicos, de radiación, presión, tóxicos etc. Y lo llevan haciendo el 80% del tiempo de existencia del planeta. La Tierra esta dominada por las bacterias, tanto por variedad, cantidad y peso total, y han creado las condiciones de vida en el planeta.

Tapete microbiano en un charco hipersalino. Las bacterias pueden vivir y prosperar en entornos que definimos como hostiles a la vida.

         Y la vida continuó, y continuó aumentando en complejidad, seguramente una bacteria que intento alimentase de otra se quedó con “la digestión a medias”, la bacteria “alimento” se quedó a vivir dentro de su captora y fue tan bueno para ambas que nuca más se separaron, (como hemos visto que hicieron algunos virus también). Esta es la idea general de la endosimbiosis, por la que las células con núcleo (eucariotas) como las que forman nuestro cuerpo no son más que agrupaciones de bacterias, en las que cada una tiene una función que aporta y beneficia al grupo, la célula; y cada parte tiene un ADN diferente: núcleo, citoplasma, mitocondrias y cloroplastos, por lo que tendrían su origen en bacterias diferentes pero que hoy día ya no pueden vivir separadas, dependen de otras para determinadas funciones vitales.  Así los humanos, no solo tenemos más bacterias que células en nuestro cuerpo, y que nos ayudan con la digestión de los alimentos y la inmunidad (aparte están las bacterias patógenas), y equivale a un peso entre 1 y 2 kilogramos, sino que nuestras propias células vendrían a ser agrupaciones de bacterias.

         Ya el paso final, y como no podía ser de otra forma, en el viaje hacia una complejidad mayor, las células se agrupan, pegándose con el colágeno y especializándose formando tejidos cada uno con una función, de manera que ninguna de esta células puede vivir de forma individual. Y los tejidos se agrupan en órganos, que forman un ser vivo pluricelular, como nosotros mismos. 

         Pero la cosa no acaba así, muchas especies de seres pluricelulares se agrupan formando poblaciones, donde lo importante no es el individuo, que ya no puede vivir se forma individual sino el colectivo, como las colonias de: hormigas, abejas o termitas. 

Aunque la mayor complejidad se da en seres pluricelulares, siguen siendo un conjunto de células, bacterias, moléculas y átomos; estos últimos pueden adoptar cualquier configuración de la naturaleza

         Y la complejidad sigue aumentando hay seres vivos que dependen de las condiciones creadas por otra especies de seres vivos, por ejemplo todos los animales sin excepción dependemos de las plantas verdes, estas producen el oxígeno y materia orgánica de la que nos alimentamos de forma directa o indirecta. Aunque somos seres individuales no podemos vivir fuera de un colectivo concreto de seres vivos, formamos parte de un ecosistema, y cuanto más diverso, cuanto más especies diferentes lo forman más estable, nuestro futuro depende de la salud del ecosistema en el que vivimos.

         En definitiva de las partículas subatómicas, vamos sumando complejidad y llegamos a la diversidad actual. Se conocen 1,3 millones de especies de seres vivos (si contar bacterias) y se cree que la cifra de los existentes pero aún no encontrados ascendería a 8,7 millones. Pero todos los seres vivos tenemos en común un grupo de genes en nuestro ADN que lleva en el planeta desde el principio de la vida. Como dicen algunos científicos, la vida es la forma que tiene los genes de perpetuarse. 

         Lo siento por aquellos que se creían “él no va más de la evolución”, pero la vida es así, sencillamente compleja, pero sincera de manera que al final pone a cada uno en su lugar. 

 

 

 

 

lunes, 19 de octubre de 2020

LA SENCILLA COMPLEJIDAD DE LA VIDA




La vida se desborda partir de los átomos de hidrógeno y oxígeno del agua.

Para comprender la naturaleza podemos intentarlo tal y como se nos presenta: compleja, intrincada, y llena de variantes, o bien podemos simplificarla buscando sus elementos comunes básicos, las piezas que la construyen. De esta forma dividiremos el problema en porciones que podamos abordar, y luego la volveremos a montar como un rompecabezas, pero comprendiendo la función e importancia de cada pieza, y con una imagen de cuál es su aspecto final.

Esta idea no es nueva, ya en la Grecia Clásica (de la cual nuestra cultura es continuadora) se ocuparon del problema, más desde un punto de vista racional o teórico pues no disponían, ni de las herramientas, ni de los conocimientos actuales. En el 400 a. de C. Demócrito y Leucipo establecieron que la materia estaba compuesta de partículas invisibles por su tamaño, indivisibles pues no podía haber nada más pequeño, y muy poco diferenciadas unas de otras, y las denominaron átomos. La naturaleza y toda su diversidad, tal y como la conocemos, sería la combinación de estas mínimas unidades. 

Hoy sabemos que el átomo esa formado por partículas elementales, que son el origen de todas las cualidades de la materia; de todas las partículas ahora solo nos interesan tres: protones, neutrones y electrones, la combinación de los tres forman la mínima porción de cualquier elemento, el átomo. En él siempre hay la misma cantidad de electrones que de protones, el número de estas parejas determinara  que sea un elemento químico u otro, así el átomo de hidrogeno solo tienen una pareja (un electrón y un protón), el helio dos, el litio tres,…. y el número de parejas de electrones y protones, dará las características del elemento. Así se crea la tabla periódica de los elementos con 91 diferentes, 118 con los creados artificialmente.

Lo pequeño es muy grande, la roca recuerda los cristales de calcita que la forman y a la vez al as montañas que ellas forman.



Pero la naturaleza es económica y tiende a usar los mínimos recursos, así solo cuatro: hierro, oxígeno, silicio y magnesio constituyen el 93% del peso del planeta. Y la vida se construye con solo 40 elementos químicos de la tabla periódica, de ellos nueve son esenciales y solo cuatro (carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno) representan el 98% de la composición total.

Empezamos sumando partículas iguales para crear átomos de elementos diferentes, ahora combinamos átomos para crear moléculas. Así con dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno tenemos una molécula de agua, y sus características físicas y químicas hacen que tenga unas cualidades muy especiales para la vida en la Tierra, y no hay ninguna forma de vida conocida en nuestro planeta (y mira que hay formas de vida que hacen cosa raras y viven en condiciones “imposibles”) que no necesite agua en algún momento de su ciclo. 

Si a nuestra molécula de agua añadimos átomos de carbono, (por eso antes se les denominaba hidratos de carbono) ya nos adentramos en la química orgánica, el carbono permite enlaces dobles y triples por lo que aumenta la complejidad de la molécula con los mismos tres elementos; con 6 átomos de carbono (y 6 moléculas de agua) ya tenemos glucosa que producen las plantas verdes con la luz solar como fuente de energía. La glucosa da energía a las células (las plantas han transformado la energía luminosa en energía química) y se disuelve fácilmente en agua, si la convertimos en almidón servirá de reserva energética a las plantas. Y si juntamos muchas moléculas de glucosa (unas 3.000) con los enlaces adecuados tendremos celulosa, siguen siendo átomos de hidrógeno, oxígeno y carbono, pero ya con unas propiedades totalmente diferentes, pues la celulosa no se disuelve en agua y sirve como tejido de sostén a las plantas leñosas, de hecho es el compuesto orgánico más abundante del planeta.

Materia orgánica e inorgánica comparten elementos y moléculas, no es de extrañar que av eces se parezcan. Raíces tabulares de un ficus y margas erosiionadas


Ahora a nuestro trio de elementos químicos le añadimos un cuarto, nitrógeno, y obtenemos los aminoácidos; son unos 30, pero solo 20 son esenciales para la vida, los aminoácidos son los ladrillos con los que construimos las proteínas.  Y las proteínas ya son específicas de cada especie, de cada individuo y de cada parte de su cuerpo (en cada ser humano hay decenas de miles de proteínas diferentes). Dentro de las proteínas destacan los ácidos nucleicos (para eso necesitamos añadir otro elemento el fósforo) de entre ellos destacan por su papel, cuatro bases nitrogenadas dispuestas por parejas (adenina-tiamina, guanina-citosina) formando una cadena, el ARN. El ARN que es quien se encarga de construir las proteínas; pero necesita instrucciones de lo que tiene que hacer, entonces si duplicamos la cadena de parejas de bases nitrogenadas tenemos el ADN, que encontramos en el núcleo de cada una de nuestras células. El ADN son los planos y el ARN es el constructor del edificio de las proteínas, (la receta y el cocinero de la entrada anterior de este blog sobre los virus).

         Hasta ahora ha sido un proceso de ir sumando piezas. Ahora empieza algo de complejidad, todo el ADN no es igual, lo podemos dividir en partes y cada una tiene una función específica que es producir una proteína concreta, cada una de estas partes son los genes. Y el poseer un determinado gen no quiere decir nada, sino está activo es como si no estuviera, no se manifiesta; algunos de estos genes no se activarán durante la vida del individuo y aun así los podrán heredar sus descendientes. Una situación de estrés, la presencia de ciertas circunstancias, incluidas la ambientales, o de fuentes de energía, (radiación, rayos UV) podrán activar estos genes dormidos, para bien o para mal del individuo. 

    También hay genes que circulan desde los orígenes de la vida. ¿Y cómo lo sabemos?, bueno en el ADN va habiendo una serie de mutaciones de forma regular y constante, una especie de reloj molecular, y todo queda registrado en el ADN desde sus orígenes, lo que nos permite retroceder en el tiempo y saber al menos de dónde venimos. 

(continua)

jueves, 24 de septiembre de 2020

LOS ALJIBES DE LA ROCA DE ARENA

         

         

Esquema de un aljibe en arenisca (piedra de arena): a estrato de arenisca, b arcillas, c canaletas para recoger el agua de las precipitaciones, d aljibe excavado en la  roca arenisca.

        En cualquier territorio habitado cuando un recurso escasea se agudiza el ingenio para obtenerlo y si ese recurso es imprescindible, como el agua, el ingenio lleva a desarrollar toda una cultura para su aprovechamiento. En el caso de la que podríamos llamar “cultura del agua”, se da donde esta escasea y por lo tanto es más valorada; si ocurre además que por la composición de suelo, rico en yeso y sales hace que el agua de los acuíferos subterráneos sea “blanda” o salobre, la que cae del cielo con las precipitaciones es la más valorada, y esa hay que recogerla y almacenarla.

            

Aspecto general de la zona en las cercanías de Albelda, Destaca los estratos de arenisca inclinados ( relieves en cuesta u hog-backs).

             

           En la comarca de la Litera, Huesca, han aprovechado la geología para recogerla y almacenarla. Las rocas de la zona son arcillas, entre las que discurren antiguos canales que formaron las corrientes de agua y que ahora se hallan rellenos de arena, formando estratos de arenisca, llamada piedra de arena en la zona, de forma discontinua y a varios niveles; estos materiales, arcillas y areniscas, son comunes a muchas zonas del Valle del Ebro en contacto con las estribaciones del Pirineo, lo que hace especial a esta formación (Fm. Peraltilla) es que en lugar de estar en posición horizontal tal y como se depositaron, las rocas se hallan inclinadas. La explicación es sencilla, uno de los últimos movimientos del Pirineo en su levantamiento (orogenia), empujo estos materiales y los plegó. 

       Después la erosión, los igualo, enrasándolos pero como tenemos dos rocas de durezas diferentes, la arenisca (más dura) siempre ha quedado más diferenciada, formando pequeñas elevaciones (relieve en cuesta u hog-backs)  donde una de sus vertientes, coincide con el estrato de arenisca.

 Corte geologico de la zona: 1 nivel actual de la superficie, 2 relieve desaparecido por la erosión, asterisco rojo coincidencia de la fotografía en el corte geológico.

            Este territorio más o menos llano, con pequeñas elevaciones de estratos de arenisca inclinada, ha permitido la recogida y almacenamiento del agua de lluvia. Cuando llueve el agua resbala sobre la roca como si esta fuera un tejado, lo que hicieron (los primeros aljibes son romanos pero el gran desarrollo fue en el siglo XIII con los árabes) los habitantes de la zona fue ir tallando unas canaletas que recorrían la roca, y canalizaban el agua que resbalaba por la misma, dirigiéndola hacia unos depósitospreviamente excavados en la misma roca. De esta manera tenían repartidos por la zona y dependiendo de la geología, una serie de puntos de agua, que una vez construidos su mantenimiento consistía solo en sacar, cuando fuera necesario los sedimentos, que ahí se acumulaban.

         Esto aljibes se dejaron de usar en 1906 cuando llego el agua del canal de Aragón y Cataluña, y la cantidad de agua y su calidad dejo de ser un problema.

         Otro aprovechamiento que se hacia en esta misma roca era la de construir depósitos, cias, excavados en ella, alrededor de la boca circular se tallaba de manera que el agua que resbalaba por la piedra no entrara en la cias, estas una vez llenas de cereal se sellaban y así lo podían mantener conservado su contenido.

jueves, 3 de septiembre de 2020

LA SELVA ESCONDIDA (y II)

       

Las relaciones bajo el suelo del bosque no solo implican a los hongos de las micorrizas, algunos árboles como los abetos conectan sus raíces y comparten savia y otros compuestos. 

          Pero nos queda la parte subterránea, y lo que no vemos se revela cada vez como fundamental para entender el bosque. Ya sabemos que hay una competencia entre las raíces por el agua y los nutrientes, incluso una guerra química (alelopatía), algunas plantas producen compuesto químicos que impiden la geminación o el desarrollo de las raíces de otras plantas, a veces de su propia especie (eucalipto, ailanto, nogal, etc.).

         La importancia de los hongos del suelo con micorrizas en las plantas, pero también de los saprofitos para el reciclado y liberación de los nutrientes de la madera y hojarasca, y de los parásitos para el rejuvenecimiento y diversificación de las masas forestales. Empezamos a vislumbrar la importancia de otros organismo: invertebrados, bacterias, de los cuales no solo no saben que función tiene sino que desconocemos su existencia.

Detalle corte de un tocón de abeto. 1 Corteza. 2 Zona del cambium que aún continua creciendo, por eso tiene ese aspecto redondeado. 3 Albura del leño se aprecian los anillos de crecimiento.

         Lo más novedoso que vamos aprendiendo, abetos que mantienen a sus herederos en “espera”, no hay suficiente luz en el suelo del bosque para que puedan vivir sin embargo a través de los hongos del suelo los alimentan, lo justo para que si caen y dejan un hueco en la bóveda del bosque los puedan sustituir. Y más aún, dos o tres (seguramente más ejemplares) abetos cercanos que entrecruzan sus raíces, intercambian savia, si uno de ellos perece, por ejemplo es cortado, su tocón continua creciendo en anchura pues su compañero le sigue enviando savia y hormonas de crecimiento (no le demos una imagen de amistad eterna, ni sacrificio abnegado , eso son cosas de los humanos), seguramente el árbol que sobrevive usa las raíces del caído si están están mejor situadas para obtener agua y nutrientes del suelo, abandonado parte de las propias las que menos eficientes sean.

          

Micelio de un hongo del suelo

         Además el papel de los hongos del suelo se revela crucial. Un árbol puede tener una relación provechosa, con varias especies de hongos, y una especie de hongo lo mismo pero con diferentes plantas, el conjunto de todas estas relaciones se revela como un red donde los árboles mayores, son centros de comunicación que se conectan con otros centros de comunicación y enlazan con otros árboles de la periferia, esta distribución sirve para el intercambio de agua, nutrientes e información y nos recuerda mucho a como funciona internet. Ya sabemos que existe, ahora tenemos que aprender como funciona para así poder comprender lo que es un organismo llamado bosque. 

         

 

 

 

 

jueves, 27 de agosto de 2020

LA SELVA ESCONDIDA (y I)

      

claro de un bosque
Desde el interior del bosque donde reina la oscuridad, vemos el claro en el se encuentran la plantas que hacen que sea residente.

     El bosque no es un grupo de organismos (animales, hongos, plantas, microbios) que coinciden bajo el paraguas de los árboles, el bosque es una comunidad de seres vivos que interaccionan entre ellos, esto es que dependen unos de otro, casi lo podríamos ver como un superorganismo; podemos reconocer plantas de sombra que solo viven en el interior del bosque, pues dependen de las condiciones creadas por los árboles con la luz más atenuada más humedad ambiental y temperaturas no tan contrastadas. Podríamos creer que los árboles son los reyes del bosque (y en cierta forma lo son) pero necesitan de los hongos y microbios del suelo (la basura de uno es el tesoro de otro), y de animales que polinizan o dispersan sus semillas, para poder desarrollarse de una forma adecuada. Al igual que necesitan de plantas y árboles colonizadores de cuyo trabajo se aprovecharan después los árboles dominantes, incluso de la relación tanto de competencia como de ayuda con otros árboles.

         Esto parece que complica el entendimiento de lo que es un bosque, pero el objetivo final es una comunidad compleja, diversa y sobre todo muy estable, en equilibrio dinámico, con recursos para la resilencia, capaz de superar situaciones traumáticas para el bosque como un incendios, sequías, etc. 

    

El pinar de la Ronera de Guara, recuperado antiguos dominios después de haber sido sustituido por pastos, durante varios siglos.

     Además el bosque no esta inmóvil en el tiempo, va evolucionado, cambiando su estructura; cuando la vegetación pionera coloniza un nuevo territorio, poco tiene que ver con el bosque que vendrá después, ya que en su madurez dominara una especie de árbol reduciendo la diversidad de plantas bajo sus copas, pero cuando llega a ser uno bosque viejo la caída de árboles viejos y la apertura de claros producirá un aumento de diversidad tanto de especies como de tamaño; de esta forma el bosque estará más preparado para superar eventos, pues dentro del propio bosque tendrá todos los organismos necesarios para reconstruirse como las plantas pioneras que se encuentran en los claros.

      Somos humanos y nos valemos sobre todo de la vista, por eso hasta ahora nos habíamos fijados en poco más de la parte visible del bosque la parte aérea, lo que esta sobre el suelo, así apreciamos la competencia por la luz entre las plantas, el follaje en crecimiento y el efecto de los depredadores y parásitos en la vegetación. Luego hay cosas que vemos pero no imaginamos su importancia, por ejemplo el peso de las hormigas de una parcela de selva es superior al de todos los vertebrados de la misma y son capaces de producir modificaciones en el bosque, al menos en el trópico.

    Y en la parte aérea usando otros sentidos, percibiremos olores, y por ejemplo el olor a tierra mojada es el llamado petricor producido por un compuesto la geosmina de un bacteria Streptomycetes coelicolor, según parece el olor atrae a los colémbolos y estos difunden las esporas de la bacteria. Igual estrategia sería de las trufas, no las vemos pero las podemos oler.

       

Los hongos como estos sobre la hoja muerta de un haya, aunque muchas veces no nos damos  cuenta de ellos, son imprescindibles para el funcionamiento del bosque.

      Aunque ya que los árboles, y las plantas, no tienen olfato mejor expresarlo en que producen compuestos químicos volátiles y tienen también receptores para esos compuestos, y así se comunican entre ellas, una planta puede informar a otra de la presencia de depredadores para que se defienda con la producción de taninos o comunicarse con los animales reclutando a polinizadores (el aroma de las flores), a dispersores de semillas (el olor a fruta madura), incluso  a parásitos de sus depredadores (avispas icneumonidos que parasitan a pulgones y orugas).