jueves, 24 de octubre de 2013

AGUA BARASIVA


Los elementos que conocemos los asociamos a unas características determinadas, pero cambian radicalmente al variar las condiciones. Por ejemplo, el agua de un arroyo que fluye entre nuestros dedos lo asociamos con un tacto suave e incluso delicado. Esa misma agua del arroyo, durante una crecida, al llevar mayor velocidad, deja de ser suave para ser una fuerza que nos empuja la mano especialmente si juntamos los dedos.



Pero si después de una tormenta que deja muchos litros de agua en poco tiempo, se nos ocurriera (espero que no) meter la mano en el agua de ese arroyo, no solo tendríamos que superar la fuerza que nos arrastra la mano, sino también soportar el golpeteo de todo aquello que transporta la corriente como troncos, arena o piedras, algunas de tamaño mucho mayor del que nos imaginamos.
Esto es lo que ha ocurrido el 8 de octubre del 2013, en la población de Nocito después de una tormenta  durante la que se calcula que cayeron unos 200 litros (la cifra es totalmente subjetiva) el río Guatizalema en su apacible nacimiento se transformó, y la luz del puente que une las dos partes de la población no fue suficiente para dejar pasar todo el agua que bajaba.
Río abajo, en el barranco de La Pillera, que recoge el agua de la umbría de Guara, y muchos montañeros lo conocen por tener que cruzarlo varias veces cuando quieren coger la senda al pico de Guara, también se transformó. El agua circuló por el tramo superior de La Pillera que siempre está seco, salió por el rebosadero de Fuendeguaril  e incluso bajó por el barranco de Fuente Espátula. El barranco de Abellada o de Cuello que forma el Charco Estañonero agrandó este, excavando hasta llegar a la roca madre; salvo unas pocas piedras que se han calcificado al suelo del barranco todas la piedras pasaderas por las cuales se cruzaba el  barranco han desaparecido, el agua tumbó pinos, arrancó sauces y dejó las matas de yerba escoba aplastadas contra el suelo pues el agua ocupó todo el cauce. 
Matas de yerba escoba tumbadas por la corriente
Como el agua discurre en gran parte del curso sobre la roca madre, la riada se ha llevado la grava que la ocultaba dejándola a la vista dicha roca, y con la grava y arena transportados la ha pulido, ha eliminado la pátina de color beige que la cubría, reconociéndose ahora bien los dos tipos de roca que aquí se encuentran: la caliza con fósiles de numulites y la arenisca oscura en la parte más baja; incluso ha hecho saltar fragmentos del borde de algunas de estas rocas dejando unos claros desconchones.

 Nuevo aspecto del lecho del río, caliza con numulites sin la pátina marrón

Arenisca sin y con pátina, y desconchones
 El nuevo aspecto lo iremos asimilando a la vez que nos empieza a pasar desapercibido, la corriente ya más tranquila lo irá cubriendo de nuevo de sedimentos, la pátina volverá sobre la roca, y nosotros volveremos cruzar por las piedras pasaderas que alguien colocó, hasta una nueva tormenta. Mejor que no estemos ahí en el momento de máximo caudal.


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