sábado, 2 de enero de 2016

EL ÁRBOL FÉNIX (Paseando por la Naturaleza nº9)


Detalle del tronco de un tejo 

     La leyenda cuenta que el Ave Fénix resurgió de sus propias cenizas, esta leyenda como todas no tiene que ser cierta, lo más importante es que el relato sea interesante y que pueda ser usado como inspiración en nuestra vida.
     Lo que ocurre es que muchas veces las leyendas se inspiran en la propia vida. En este caso aún más, nuestra vida con su inicio en el nacimiento y su fin en la muerte la vemos como algo lineal. ¿Qué hay después de la muerte a nivel inmaterial (mental, espiritual)? No lo sé, y cuando lo sepa no lo podré contar, como todos. Pero a nivel material nuestro cuerpo tardará más a menos tiempo pero al final cederá todos los nutrientes que contiene, se transformarán en materia inorgánica y volverá, si no lo ha sido ya, a circular por la vida como átomos a disposición del resto de seres vivos (incluyendo nuestra propia descendencia, es decir nosotros mismos aunque con un lapso de tiempo ya largo).
Bueno, pues en la naturaleza y entre las plantas hay algunas que son capaces de cerrar este ciclo en vida y se pueden nutrir de su propia materia ya transformada por los descomponedores, una especie de autovampiro.
Base del tronco de un tejo de cerca de cinco metros de perímetro 
     Los tejos son unos árboles antiguos, el género viene desde el Jurásico medio-inferior y en el Terciario había una especie muy parecida la actual, no forman bosques sino que participa en otros con árboles asilados o pequeños grupos, con tal de que el ambiente sea húmedo. Como todas las especies antiguas entra en conflicto con especies más modernas y mismos requerimientos, pero que se desarrollan con más facilidad y tamaño; así el tejo y el haya (especie más moderna y en expansión desde el final de la glaciación) tienen una necesidad de humedad similar; el haya supera en envergadura al tejo, y su sombra favorece a la germinación de las semillas del tejo, pero después, el árbol adulto, necesita más luz que la que le deja el haya, por lo que el tejo va retrocediendo y ocupando terrenos marginales como el pie de los cantiles, pues parece que soporta mejor los daños ocasionados por la caída de piedras.
Interior del tronco hueco de un tejo, con * la raíz aérea que acede a la madera en descomposición de su propio tronco 
     Los tejos tienen fama de ser árboles muy longevos, incluso milenarios aunque eso es difícil de comprobar, eso sí hay árboles con el tronco muy ancho pero a veces son la unión de varios troncos que han crecido juntos. Podríamos sacar un testigo con una barrena de Pressler pero, a pesar de ser confieras que almacenan en el duramen esencias y resinas antihongos y antiinsectos de la madera, los tejos de mayor tamaño pueden tener en tronco podrido o incluso hueco, lo que nos impide contar los anillos en el caso que pudiéramos hacerlo. El tener el tronco hueco puede ser una ventaja, menor peso, mayor resistencia a las tensiones, recordemos que al igual que el tubo de un andamio o del cuadro de una bicicleta solo trabaja el exterior del tubo, además en su interior se acumulan nutrientes originados por los restos orgánicos de los animales que los usan como refugio y por la descomposición de su propia madera que al final se mineraliza y es absorbida por las propias raíces del árbol. El tejo va un paso más allá y emite por el hueco del interior del tronco una raíz aérea, (semejante a la de los árboles de los trópicos como los Ficus) hasta los restos de su madera en descomposición para absorber esos nutrientes. Se supone que esta raíz puede crecer hasta ocupar todo el interior del tronco, de manera que tendríamos el caso de un árbol cuya parte más vieja estaría en el exterior del tronco y no en la parte central como es lo habitual, solo que para ser un autentico árbol fénix lo debería repetir durante toda la eternidad.

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