sábado, 15 de julio de 2017

ANTES DEL BOSQUE (y II)

Primera fase, las plantas herbáceas colonizan el suelo desnudo, en este caso tras un incendio tras un incendio
Pero empecemos por el principio, imaginemos un territorio sin vegetación, bien porque es nuevo como consecuencia de un proceso geológico, o por un evento catastrófico como un incendio, un corrimiento de tierra, un alud, etcétera que lo ha despojado de la vegetación que lo cubría.
La primera fase, la avanzadilla colonizadora
Partimos entonces de un territorio yermo en un lugar donde el clima permite la existencia de bosques, los árboles no van a crecer lo primero, serán la consecuencia de un largo proceso de colonización por parte de plantas más modestas pero mejor adaptadas a un suelo escaso o inexistente y a desarrollarse a pleno sol. Estas plantas de avanzadilla son herbáceas, muchas de ellas anuales que tienen semillas que viajan con facilidad por el viento o con los animales por lo que pueden venir de lugares lejanos. Especialmente las gramíneas sujetan el suelo aunque sea superficialmente contribuyendo a no solo no perderlo con la erosión sino también a acumularlo, por ejemplo reduciendo la velocidad del viento y permitiendo que se deposite el polvo que transporta, el polvo pueden ser partículas inertes que den estructura al suelo o minerales y otros nutrientes para las plantas. En el caso de las leguminosas sus raíces más potentes sujetan el suelo más en profundidad pero sobre todo su asociación con bacterias permitirá la fijación del nitrógeno atmosférico haciendo aumentar los nutrientes del suelo.
Sucesión par la recuperación del bosque en el Prepirineo. Pradera de herbáceas (1), que va siendo colonizada progresivamente por un matorral de erizan (2), que será sustituido por un matorral de boj (3), con la mejora del suelo van apareciendo los primeros árboles, en este caso un pino silvestre (4).
La segunda fase, la consolidación
A esta fase más o menos larga le sucederán la llegada de los arbustos, igualmente plantas de pleno sol (lo que al final será su perdición cuando se instaure el bosque) que sujetaran el suelo aún más profundamente y su hojarasca permitirá que el suelo mejore. En zonas secas los arbustos facilitarán el establecimiento de otras plantas pues bombean a la superficie humedad y nutrientes desde capas de suelo más profundo, y proporcionan algo de sombra que en estos climas significa menor perdida de agua de las plantas por transpiración, lo cual es favorable.
Los matorrales pueden llegar a cubrir todo el territorio si alguien no los controla, y ese alguien son los grandes herbívoros que son atraídos por las superficies cubiertas de hierba, en su ausencia la ganadería extensiva viene a hacer un papel semejante. Estos matorrales son muchas veces pinchosos para protegerse de ramoneo de los herbívoros y de forma indirecta protegen a la vez los brotes de los primeros árboles.

        
La linea verde claro es la colonización por abedules de una antigua tiradera de madera, en esta zona una umbría prepirenaica, el pinar de pino silvestre es el bosque definitivo.
     Estos primeros árboles (diferentes especies de pinos, abedules en zonas lluviosas), aunque prosperan con la protección de los matorrales después necesitan pleno sol, no son las especies propias del bosque sino colonizadores más sufridos, de ciclos cortos, menos longevos pero que soportan mejor la escasez de agua que el bosque que les sucederá. Entre otras cosas el suelo aunque mejorado aún retiene poco el agua, y de nada sirve que llueva si el agua no queda en el suelo a disposición de las planas. A esta vegetación que no es la definitiva pero es imprescindible para la recuperación los ecólogos la denominan vegetación secundaria o de sustitución.  El bosque aún debe esperar.

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